Tengo privilegios, no hay ninguna duda de eso. Veo a mi derredor y casi siempre, casi toda mi vida me he sentido un privilegiado.

Estaba muy chico y creo que debo haber pensado que era un cielo tener a mis padres, a esos padres que tuve y que hoy me doy cuenta, me han legado lo que pude ser.

Me siento bien conmigo mismo. Mi madre nos enseño que no había vergüenza para un hombre en hacer los oficios de la casa, en barrer, en trapear, en lavar la ropa, en planchar, en hacer la comida, en lavar los trastos. Mi padre me enseñó picardía y media y el valor de no dejarse vencer por la falsa hombría, si hay que llorar, pues hay que hacerlo, eso no nos quita lo hombres sino que nos hace mas humanos.

A él, le ví llorar un par de veces, sensible como era, y pensé que debía ser muy macho para llorar siendo tan grande. Nunca le dió vergüenza hacerlo, solo se limpiaba, como todo un hombre las lágrimas y seguía hacia adelante. Enseñanzas, enseñanzas permanentemente. La familia es una escuela.

Eso me lo hizo recordar hoy, una cipota, medio sorda (fijarse en su oreja) en el Boulevard de los Heroes.

Eran las cuatro de la tarde de un día sábado y ella estaba dedicada a vender aretes o no se que en una cajita. Junto con ella, una niña chelita, que platicaba y platicaba. Me llamaba la atención la amena plática y la diferencia de edades.

Fijándome un poco más me dí cuenta de lo que pasaba. Ella estaba, de manera superlativa a cualquiera otro que se llena la boca, que paga un anuncio de televisión, que sale en los noticiarios, que tiene guardaespaldas, que aspira a una mejor posición política, que paga técnicos internacionales, que es burocráta, ella estaba en un nivel superior a todos esos. Ella estaba ejerciendo educación en sábado, en la calle, a su manera, con su entrega y con su pasión. Sin salario y sin deseo de ser reconocida.

Hago a un lado la metodología, la técnica, la didáctica, la planificación, la pedagogía, la definición de objetivos en la manera de benjamín Bloom.

¿Que me importa todo eso, cuando veo que hay alguien que quiere enseñar y otra que quiere aprender? Sí, estaba usando un método de repetición. Mala, muy mala como profesora. A pesar de eso, yo aprendí a leer así con la seño Raquelita que vivía en la Gerardo Barrios.No digo que hay que regresar a ese modelo, estoy diciendo que a pesar de toda la debilidad (falta de todo), ahí estaba en la calle enseñando, y ahí mismo estaba la otra, aprendiendo.

Usaba tarjetas con palabras, "ama", "mamá", "papá", y casi le gritaba debido a su sordera. De mi lado, me ganó la sensibilidad. Pensé: que lindo sería tener a esta mujer como símbolo de la escuela de tiempo pleno. Clases a todas horas, sin biblioteca, sin un solo recurso, mas allá de lo que su idea, su consciencia, su imaginación le dictaba.

Soy un privilegiado, me permito mirar estas cosas, asombrarme y ponerme sensible.