María Elena Guardado
Antropóloga
Luego de recorrerme varias veces el cementerio de Sta. Tecla pude admirar lo portentoso de las tumbas de la entrada, los mausoleos enormes, con un gusto muy exquisito, en los apellidos de las familias se daba cuenta inmediatamente, si se tiene un ojo observador, ¿Quiénes tienen los recursos para construir este tipo de monumentos?
Luego a unos pasos unas gradas, hacia abajo es otro cementerio, completamente distinto estas son las tumbas… 
Una de las personas, que más me llamó la atención estaba literalmente platicando con su ser querido, mientras le arreglaba su tumba, me hizo recordar a la costumbre ancestral, que aún se tiene en Nahuizalco de llegar el 1 de Noviembre, por la noche a beber, comer platicar con sus seres queridos, aún la forma de la tumba tiene cierta similitud, claro no puedo suponer detalles que no pude constatar con los hechos, debido a no interrumpir ese momento tan especial de esta señora, arreglando la tumba de su familiar.
Y a un costado de estas tumbas hay otras más pequeñitas tumbas de niños y niñas que no pudieron sus padres verles crecer. Desconozco si en el país existe otro cementerio en el cual estén separados los niños de los adultos, pero en este en particular este detalle es bien característico, en las tumbas hay juguetes, tarjetitas, toda una serie de elementos nostálgicos de sus padres.
Es Así como mucha de la historia se recoge en ese lugar hay muchos personajes reconocidos enterrados en este cementerio en particular, muchos de ellos no son Salvadoreños, pero que si aportaron en nuestra historia nacional.
La pregunta la dejo abierta al lector sigue siendo en el cementerio, “Aún después de la muerte” tan importante ¿Las clases sociales? Recorriendo este cementerio de Sta. Tecla, no solo se lee la historia, se lee el presente en las flores de las tumbas, las de papel encerado, las de churritos convertidos en adornos, las tumbas del abandono y en los mensajes aquellos no escritos…
Aquí los muertos descansan, los vivos comen dulces, compran piñatas se toman una pilsener, mientras piden una “Boca de paisaje”… he aquí solo un retazo de nuestra identidad Salvadoreña… Que no quise dejar pasar este mes de noviembre sin compartirla…


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