(El artículo es el resultado de un trabajo de Brenda Maeda, que entrevistó a Irene Pineda de la UCA y su servidor de UTEC, publicado en DH el 29 de octubre 2011)

Parece incontrolable, poderosa y progresiva...¿qué ha pasado?, ¿qué se puede hace? Conoce el trasfondo de la violencia y descubre que tienes mucho por hacer al respecto

Por Brenda Maeda

Cada día se escriben nuevas historias... una masacre, otro estudiante desaparecido, niñas violadas, mujeres golpeadas, hombres heridos. Algunos son titulares en los medios de comunicación, otros pasan a ser simples estadísticas, mientras que una buena parte no sobrevive a la barrera del secreto.

La violencia en El Salvador es un tema vigente, urgente y de gran alcance. No existe una sola persona que escape de los tentáculos de este gran monstruo. La Organización Panamericana de la Salud considera epidemia a una tasa superior a los 10 homicidios por cada 100,000 habitantes, El Salvador la sobrepasó y por mucho.

Pero para entender lo que le pasa y antes de encontrar una posible cura, es indispensable hacer una mirada retrospectiva a décadas anteriores que guardan estrecha relación con los males que aquejan diariamente al país.

Y LA GUERRA REINÓ...

Antes de que explotaran los doce años de conflicto, el mundo se sumergió en una ola de cambios importantes. Nació el movimiento hippie, trayendo consigo una cultura de rebeldía que revolucionó las sociedades. En el Salvador se gestaron movimientos que pretendían cambiar la realidad nacional, obreros, maestros, campesinos y grupos considerados beligerantes se unieron en una lucha que dio lugar a la guerra, la cual marcó para siempre la historia del país.

Julio Martínez, Director de la Escuela de Antropología de la Universidad Tecnológica de El Salvador, explica que tantos años de guerra convirtió al país en escenario de muchos actos violentos, donde un bando buscaba erradicar al otro a cualquier costa.

"Obviamente en ese período la violencia abundaba, era normal escuchar las grandes cifras de muertes diarias, de torturas, de masacres, de niños desaparecidos, la gente caminaba por las calles y podía ver los cuerpos tirados al aire libre. Las estadísticas de muertos durante esos doce años rondan los 80,000 sin contar los desaparecidos", dice.

Aunque el conflicto estaba muy marcado entre dos fuerzas poderosas, todos los salvadoreños resultaron seriamente afectados.

El sólo hecho de no poder salir libremente de sus casas, el temor de que una balacera los tomará por sorpresa, el perder un familiar o ser evacuados de sus hogares eran cuadros comunes que muchos experimentaron.

Otra gran consecuencia de esta situación es que muchas personas huyeron del territorio hacia Estados Unidos dejando un sinnúmero de hogares desmembrados, donde los hijos quedaron a cargo de uno de los progenitores o de sus abuelos.

La socióloga docente de la Universidad Dr. José Simeón Cañas, Irene Pineda, asegura que a estas personas se les obligó a emigrar y dejar a los hijos, lo hacían por sobrevivir más que por mejoras económicas.

Para el experto social, una guerra no sólo tiene consecuencias por la cantidad de muertes resultantes sino por la manera en que los ciudadanos perciben y obedecen las normas. "Durante la guerra, todas las instituciones encargadas de hacer velar las normas estaban concentradas en pelear, dejando las calles sin presencia de autoridad. No había un ente disuasivo en las calles, la gente manejaba como quería, se parqueaba donde fuera, podían pasarse los semáforos, vender alcohol en cualquier parte. Las normas existían pero no habían quien las hiciera valer, así se alteró la convivencia ciudadana", apunta.

La paz reinó. El 16 de enero de 1992 es una fecha histórica por la firma de los acuerdos de paz. Se dejaron las armas y se abrió la esperanza de tener un nuevo El Salvador. Sin embargo, el cese de la guerra no significó una mejora real y sostenible en la situación nacional, aunque ya no hubo bombas ni ofensivas militares muchos otros problemas aparecieron y otros se profundizaron.

"Se mantuvo imperando la cultura de que se podía hacer lo que se antojaba, que no era tan necesario seguir las normas. No hubo reforma educativa inmediata, no se trabajó en adecuarse al nuevo proceso que El Salvador vivía", dice Martínez.

Todo lo agrava la llegada de deportados de los Estados Unidos, algunos de los cuales regresaban como expertos en organizaciones delictivas, eso sumado a la condición de pobreza que predominaba, llevando a muchos a subsistir a costa de cualquier precio, incluso de cometer actos vandálicos.

Durante la guerra mucha gente se fue a Estados Unidos, después de la firma de la paz muchos son deportados y se instalan las pandillas en El Salvador. "Todo esto pasa en momentos de mucha permisividad, dentro de una sociedad violenta que le decía al ciudadano que podía hacer cualquier cosa. Es así que los actos de violencia han ido en escalada, desde los robos hasta las masacres o desmembramientos", dice el experto.

Rezagos inevitables

Sin duda las pandillas tienen un lugar importante en la violencia, sus hechos delictivos engrosan las estadísticas diarias, aunque existen muchos otros crímenes que no están ligados a esas agrupaciones.

Para dar tan sólo una muestra de esta situación, es conveniente remitirse al "Estudio Global de Homicidios" elaborado por la Oficina de Naciones Unidas para el Control de la droga y el crimen, el cual coloca a El Salvador con la segunda tasa más alta de homicidios en el mundo, con 66 asesinatos por cada 100.000 habitantes, solamente después de Honduras, con 82. Pineda dice: "Cuando vemos las abultadas estadísticas decimos que todo es por los mareros, pero si se hace una correcta segregación, se verá que la violencia es indiscriminada y que muchos de estos delitos tienen que ver con otros tipo de causas".

"Se ha hecho tan común matar por un parqueo, porque que alguien le habló mal a un vigilante o por cualquier insignificancia. Estar metidos en un medio tan violento, hace a cualquier persona capaz de volverse violenta también", asegura el antropólogo.

El narcotráfico es otro fenómeno que no se puede ignorar. Está metido en toda escala social y es responsable de mucha violencia. "Esto ya es una realidad que abarca a la gente que vende porciones o los que venden kilos y conforman una gran estructura... y tiene efectos en la delincuencia común, pues son capaces de robar para consumir".

Para ambos expertos, uno de las señales más claras de una sociedad enferma es el uso de las armas. "¿Cómo es posible que haya tantas armas circulando? peor aún, ¿qué existan ventas autorizadas en un país con una patología grave de violencia? se cuestiona la socióloga. Mientras que Martínez dice: "El simple hecho de usar un arma ya es un acto de violencia porque tu fin es amedrentar al otro".

Desde la base

La familia es y será el núcleo de la sociedad y si se quiere gestar un cambio debe atribuírsele la importancia que merece. Lamentablemente la migración dejó una enorme cantidad de hogares desintegrados, hay muchas familias mono-parentales o aquellas lideradas por abuelos o tíos.

"No se le están dando a nuestros jóvenes y niños un hogar ideal, ellos necesitan la figura paterna y materna, esa falta de modelos los afecta irremediablemente y lo peor es que los padres y madres que sí están presentes deben salir a trabajar jornadas muy largas, dedicando poco tiempo a sus hijos. Es un país que no da las condiciones para que la familia se desarrolle adecuadamente".

La familia no está funcionando, el maltrato a la mujer sigue estando latente; algunas lo denuncian, otras simplemente guardan silencio. Los niños también son víctimas de maltrato y explotación, por lo que no se pueden formar generaciones renovadas si viven en hogares de ese tipo.

"Los femicidios tienen tasas altísimas en nuestro país, el maltrato a la mujer es alarmante, muchos de los casos de muertes que vemos son por razones de género, esto debe cambiarse ya", apunta la especialista.

El Salvador al igual que cualquier país puede y debe cambiarse, no es una guerra perdida pero sí una muy dura. "Hay instituciones que rigen la conducta de la gente y que al funcionar bien esta sociedad puede cambiar de rumbo. La familia, la iglesia, la escuela, los medios de comunicación son algunas de ellas", dice Martínez.

Para ambos expertos, todas estas manifestaciones de violencia desde las macabras como asesinar hasta las más sutiles pero dañinas podrán mermar si existe un sistema de justicia efectivo, donde las leyes se cumplan y la gente sepa que si cometen una falta realmente serán sancionados.

"Muchos pueden no sentirse violentos porque no matan, roban o golpean, pero el maltrato psicológico es cruel, también mato cuando humillo a alguien", dice Pineda.

Los salvadoreños deben tener claro no sólo se debe deplorar los actos delictivos obvios, sino todo acto que interrumpa la armonía entre dos personas. Bajo esta perspectiva todos pueden contribuir, tratando con amor y delicadeza a la pareja y a los hijos, manejando tranquilamente, cediendo el puesto en la cola, respetando los estacionamientos destinados para personas discapacitadas o terminando una situación que los ponga en riesgo de discutir.

"Existe una desvalorización de la vida, aquí en El Salvador la vida no vale nada, me resulta mejor matar por un parqueo que cederlo, lo que sucede es que saberse impunes les da la libertad. Está pasando algo que se llama "normalización" de la violencia, ya todo es tan cotidiano que no me impacta lo que veo en los medios y me vuelvo capaz de hacer cosas terribles pues me he habituado a esto", dice la experta.

Sangre femenina

La mujer sigue siendo una de las grandes víctimas de esta ola de violencia. Aquí algunos números alarmantes.

- Entre el 2008 y el 2010, doce mil personas han sido agredidas sexualmente, sin contar con los tantos casos que guardan silencio y no se atreven a denunciar. De cada 10 casos, nueve son mujeres. Del total de agresiones, 6000 fueron violaciones sexuales. El 73% de los casos está concentrado en el grupo de edad de los cero a los 19 años.

- Según datos de publicados por la Organización de Mujeres Salvadoreñas (ORMUSA) y basado en estadisticas de la Policía Nacional Civil, indican que se contabilizan 442 femicidios (asesinatos por razones de género) en el período de enero al seis de septiembre del presente año. La mayoría de las víctimas tienen de 18 a 35 años, lo que podría significar que cada 12 horas una mujer está muriendo, sin contar los casos que jamás se denuncia