Un perro llamado Canelo  camina apurado por la calle, se la atraviesa sin ver si acaso un vehículo puede atropellarlo, sus patas se mueven con rápidez, sus orejas van levantadas y su cabeza apenas gacha, su cola se levanta y se mueve como bandera a un lado y hacia otro.

Al otro lado, una perra le mira con interés, lo que noto porque sus orejas también están levantadas y su mirada fija en el chucho que va hacia ella. Se lanzan miradas apasionadas entre sí al encontrarse e inmediatamente el perro se dirige a su trasero para olerlo de forma detenida.

En realidad no huele solo su trasero, sino un poco mas abajo también, por otro lado, la perra se dedica a lo suyo, también usa ese encontrón para olerlo en la parte de atrás.

La perra baja la colita en cuanto nota las malas intenciones del perro, que de seguro la quiere tomar "de perrito". El olor es básico en este encuentro. Nada fue mas importante que como olían.  Eso hizo que al perro se le alborotaran las hormonas. Básico, natural y primitivo.

La importancia cultural de los olores es tal que mientras a algunas personas les parece horrible el refresco de carao, debido al olor a pata chuca, o a queso parmesano, a otros nos parece una delicia, mas si el carao va acompañado de leche.

Hay olores que son horribles para algunos, de acuerdo a su experiencia, a mí, por ejemplo el olor a cucaracha que es un olor muy particular es de lo me cae peor. Soy capaz de vomitar si siento ese olor hijo de perra. A otros, les molesta el olor de la chicha, a mí, no.

El blue cheese me encanta a pesar de los hongos, e igual me pasa con el ementhal. En casa, a mis hijas el mentado queso azul les resulta desagradable. Una vez, en Managua me invitaron, muy de mañana a tomar "leche agria". Solo quien ya ha tomado ese menjurge sabe el sabor que tiene. Los nicas parecen disfrutarla.

Yo la devolví, pidiendo perdón a los presentes. Es una cuestión cultural. Los olores forman parte del patrimonio intangible que tienen los pueblos.

Nosotros los humanos tenemos un olor particular cada uno. Creo que ese olor dependerá mucho de lo que comemos. Así, puede que algunas personas tengan un olor fresco y otras un olor rancio. Unos (unas) puede ser que tengan un olor dulzón y otras, pues quizá ácido.

Las enfermedades producen olores (ha sentido lo feo del olor de un griposo, es de lo que menos me gusta). Muchos de estos olores provienen de las glándulas sudoriparas, que se excitan a partir del sistema simpático.

Esto puede oler mal, y no es que sudemos feo, es que también hay un contacto de ese liquido con la flora de nuestra piel, ese contacto produce olores. Si uno se baña bien, si usa un jabón para eliminar bacterias, quizá los malos olores se alejen, así como los malos espíritus lo hacen si uno usa"la magnifica".

Primitivamente, los humanos mantenemos la afición por el olor, el deseo que se activa a partir de las secreciones de glandulas, el olor de las feromonas es importante en la relación sexual humana. ¿se ha dado cuenta como algunos hombres, de repente, encontramos agradable a un esperpento de mujer? Eso puede deberse a las feromonas, esa sustancia que hace que uno huela sin oler, y que producen una respuesta sexual inmediata, el gusto o el deseo por la otra persona. "Tiene un no se que" dicen algunos, bueno, tiene feromonas que va tirando como la violetera tira sus violetas a la derecha y a la izquierda.

Pero... no todo es victoria. De repente a un fulano se le despierta el deseo por ese "olor a mujer", mientras a otro, ese olor le causa un efecto desagradable.  ¿Por qué?

Pienso que eso tiene su base en las experiencias de cada uno, le hacen tener una determinada respuesta. Una relación entre la biologías, la fisiología y la psicología humana. ¿Será por eso que mis visitas al malecón, me resultan agradables?