Con amistad, para la Carmen.

J. Martínez

Siempre me he preguntado como se llega a establecer una identidad particular en el futbol, cómo es que uno se convierte en aficionado (que le gusta, que tiene afición, que siente atracción) a un equipo, siendo que, muy probablemente ni siquiera lo verá jugar en persona alguna vez en su vida.

He tenido la oportunidad de estar en España, y algunos días en Madrid, y no me quise perder la oportunidad de ir a la Gran Vía (la de verdad), a la Plaza Mayor, a la Torre de Moncloa, a Las Ventas, al Rastro, a los museos de la Castellana, a Atocha, al Palacio, a la Catedral de la Almudena y desde luego, al Santiago Bernabeu.  A este último sin partido en juego.

Este es un estadio de verdad, y el Madrid, un club verdadero. Una cosa excepcional que no se ve en nuestro país, ni en muchos de América. Por cierto, me tomé una foto con el Buitre, a pesar de no tener identificación con el Real.

Es que hay al menos, tres factores vinculares que favorecen la identidad, uno de ellos es el vínculo de integración espacial... y bueno, yo no soy español. Nací en Mejicanos y me siento de Olocuilta de donde venía mi mamita. Digamos que no podría tener esa identidad española ni Madridista.

Por otro lado, está la vinculación de integración temporal. Compartir el tiempo, estar juntos al mismo tiempo. Bueno, quiza pude haber optado por sentir una cierta identidad con algun club de futbol, al rato con el Atletic, cuyo estadio está a unos doscientos metros de la Puerta de Toledo, y yo estaba en un hotel desde donde podía oír los suspiros de los jugadores en el campo de juego. Pues sí, pero no.

El otro vinculo de integración es el social. Y por  ese lado, tampoco me iba el asunto de volverme aficionado al tal o cual equipo español.  Pero, a pesar de eso, debo reconocer que la identidad y la afición (¿pasión?) por un cuadro o equipo deportivo es maleable, es plástica y puede, a partir de diversos mecanismos, modificarse, cambiar. Sin embargo... si nuestra identidad se transforma, se transforma también nuestra forma de actuación. El contexto, la cultura, el país, las costumbres, el idioma, la cultura pués, son elementos claves y decisivos para la conformación de la identidad.

Siendo, como expliqué, que mi origen está en Mejicanos, y que mis ascendencias están en Olocuilta y Ahuachapán, ¿Cómo termino yo siendo el aficionado olocuiltense del Aguila? Una cuestión de "emulación". Mi Papito era aficionado al Marte y mi hermano mayor, Ernesto, mi ídolo que me llevaba siete años, era del Aguila. Mi influencia llega por el cariño, el afecto y la consideración de que Ernesto era un héroe.

Ahí mi comprensión de como llego yo a ser "aguilucho". He visto cientos de juegos de mi equipo, me he tomado fotografías con sus jugadores, alguna vez saludé a "Cariota" Barraza, en fin, es una afición a un equipo tangible. Tan tangible que muchas veces pierde y a veces gana.

¿Cómo se llega una persona a convertir en aficionado o fanático de un equipo como el Real Madrid o el Barca, siendo salvadoreño y entendiendo que dificilmente los verá en persona alguna vez?

Los mecanismos de difusión de la cultura son muchas veces complicados. Si uno pregunta a estos aficionados, encontrará la respuesta de "eso sí es futbol". ¿Y el alemán? ¿y el italiano?, ¿y el inglés? También son buen futbol.

Entonces uno debe acudir a dos elementos utilizados por el mercado global: a. La incidencia en la cultura vía los medios de comunicación mundializados y b. Las aspiraciones de prestigio que tienen los que sienten que no poseen nada prestigioso por sí mismo. Prestigios como el ser salvadoreño, como el comer tamalitos, como el de haber podido gritar un gol de la selección nacional a otro equipo, como el de haber visto jugar a Mágico, como el de saberse perteneciendo a un tiempo, a un lugar y tener pertenencia a un grupo socio-eeconomico definido.Prestigios que ellos pocas veces esgrimen.

Los grandes medios y las grandes empresas globales (Barca y Real son eso, grandes negocios del mundo, que viven a costa de consumidores, de usuarios que miran sus partidos), utilizan esos mecanismos. Y un pueblo con grandes necesidades de sentirse parte de un grupo de fanaticos, vaya de aficionados de un equipo grande en el mundo, cae apresado fácilmente en ese truco de sentirse que "es", pero que en realidad "no es".

Añoro al Juventud Olímpica, al Quequeishque y al Adler, esos equipos de los que uno era parte, que podía uno llegar a la cancha y saludar a Tobías Rivera y gritarle "Hey, Tobillón, mete un golazo para mí" y escuchar que Tobías lo volteaba a ver y le decía "el primer gol que haga es para vos, bicho...¿como te llamás".