En los últimos días se habla mucho sobre "ser como Singapur", incluso el IDH El Salvador 2010, en su capítulo 12, trae algo sobre el modelo de Singapur: de la pobreza a la prosperidad en tres décadas. No todo es alegría, reproduzco acá, un post de una señora argentina, que esclarece un poco mas las dudas que uno pudiera tener sobre Singapur. Por ahora es 3er lugar en competitividad, 2o lugar a nivel mundial en cuanto a libertades económicas y otros detalles más en el Indice Legatum. Envidiable.   ¿es Singapur una "democratura"?.

Juliana Montani de Berczely, argentina

Budistas, taoístas, musulmanes, induístas, cristianos... distinguidos por su aspecto exterior, pero unidos por la arbitrariedad de una ciudadanía. Singapur acaba de cumplir 42 años de su independencia. El centro de los festejos fue el nuevo estadio flotante en Marina Bay. En torno a él, en la explanada parquizada que se extiende al borde del río como unión de la moderna ciudad actual con el nuevo (novísimo) centro comercial y financiero todavía en construcción, se reunió una multitud de participantes y curiosos a esperar los fuegos artificiales con los que se cerrarían los festejos del 16 de agosto. Banderas rojas y blancas por doquier, familias organizando picnics y compartiendo comidas con sus vecinos circunstanciales. Pero llegado el momento, más que el colorido de los fuegos artificiales, llamó la atención el arcoiris de atuendos correspondientes a distintas culturas o creencias, tonalidades de piel, idiomas y acentos.

Singapur es una ciudad-Estado moderna e internacional. En general la arquitectura, la infraestructura y los servicios recolectan las mejores prácticas de otras partes del mundo. Parece un oasis occidental en plena Asia. Curioso si se tiene en cuenta que los singapurenses descienden en su mayoría originalmente de Malasia (13.9%), China (76.8%) e India (7.9%) y los occidentales son una minoría.

Basta pensar en medio oriente para notar que tal mezcla de razas, creencias y procedencias podría ser explosiva en otro contexto, en una época en la cual el conflicto internacional encuentra su foco en movimientos nacionalistas o religiosos. Sin embargo el multiculturalismo y la convivencia pacífica son la regla. Singapur es un país políticamente estable que mantiene una alta tasa de crecimiento económico. Una economía de mercado libre de inflación y corrupción, y un PBI comparable al de los mayores cuatro países europeos, son producto de la confluencia de factores externos propicios como de la política interna. En este último aspecto, es fruto de medidas tales como ofrecer incentivos para la radicación de diversas industrias en el país a través de beneficios financieros, la mejora de la calidad de la educación, adopción del inglés como idioma oficial, mejora de infraestructura y facilidad de acceso a la propiedad de viviendas privadas para los singapurenses. Y también del control social. Desde 1968 el PP mantiene una mayoría absoluta en el parlamento.

Habiendo recorrido la ciudad, y volviendo a la multitud en la plaza, uno se plantea: es realmente una ocasión para festejar? Definitivamente sí, viviendo la paz social y el progreso y estabilidad económicas. Es el sistema político el que en los próximos años tiene que ponerse a prueba. Singapur sigue siendo, desde la década de 1970, un país pujante, creado desde arriba, con población que en dos generaciones se enriqueció tanto material como educacionalmente. Las medidas paternalistas o, por lo menos pragmáticas, junto con la aceptación popular siguen posibilitando tanto el desarrollo económico como la estabilidad política. Un buen momento para crear o fortalecer las instituciones que sean capaces de guiar al Estado por el camino de la alternancia democracia el día en que falte un “buen gobierno”.

Políticamente diría que la relación gobierno – sociedad civil está caracterizada por el paternalismo. Uno de esos raros casos en los cuales se combina un sistema político cerrado con éxito y crecimiento económico y aceptación popular, que en este caso particular ya transendió el corto plazo. El derrame de la prosperidad económica se nota incluso en la calle; una gran población activa, empresas multinacionales, emprendimientos arquitectónicos por doquier. Y a su vez atrae la inmigración de países pobres de la región en forma de personal no o poco calificado para el sector de servicios quienes encuentran un trabajo (no muchas veces digno para nuestros standards) y remiten sus ganancias al exterior para ayudar a sus familias. Éste tipo de inmigración está absolutamente controlada (como ejemplo, las empleadas domésticas extranjeras no deben quedarse embarazadas durante la vigencia de su visa de trabajo). Como contracara es notoria la falta de reglamentación y control de sobre todo los trabajos manuales que ayude a evitar condiciones de trabajo denigrantes de un calibre que incluso nos llama la atención en Latinoamérica. Por ejemplo, es noticia constante en los medios los abusos sufridos por empleadas domésticas extranjeras a las cuales se les niega suficiente descanso y alimentación. Hay suicidios, empleadas mendigando comida a través de ventanas y otras que huyen pidiendo ayuda a sus respectivos consulados.

Apoyando al sector comercial internacional están la infraestructura y servicios necesarios para que los extranjeros trabajando en Singapur y sus familias se sientan a gusto: condominios -con seguridad, piscina, gimnasios, canchas para practicar deportes-, personal doméstico, escuelas bilingües, todo tipo de entretenimientos, excelente medicina, publicaciones especializadas para expats, etc etc. La nota curiosa: torres “viejas” –digamos de los años 60 o 70- q se derrumban para dar lugar a nuevas y más modernas. Sólo se requiere la aceptación del 80% de los propietarios para que se decida vender un edificio a una constructora –para tirarlo abajo, con lo cual al 20% restante se lo expropia.

Hojeando el diario se ve la gran oferta de trabajo, sobre todo de personal calificado.
Desde la independencia de Malasia y hasta el día de hoy, los gobernantes de Singapur han sido pragmáticos “iluminados”, trayendo bienestar económico y paz social. Aprovechando su gran aceptación popular, es un buen momento para fortalecer las instituciones políticas para que estos logros sean sostenibles a largo plazo. Un sistema institucional exitoso será el que garantice la posibilidad de alternancia en el gobierno, de esta forma controlando la performance de los gobiernos, y ayude a desarrollar una cultura política de toma de responsabilidad en los cuidadanos.