Hartman, en 1899, explica como se relaciona culturalmente el pueblo pipil de Nahuizalco (al que el llama aztecas de El Salvador) con los aztecas de México. En el texto de Hartman "Estudiando a Los Izalcos", menciona que Diego de Palacios visitó nuestra región por encargo del Rey de España en 1576, y describe "como los aztecas del lugar tenían las mismas creencias que los de México"; y sigue adelante: "Tenian unos  ídolos de piedra grandes y realizaban sacrificios arrancándoles a las víctimas el corazón y sosteniéndolo hacia el sol.

La sangre se dejaba caer en cuatro puntos cardinales". Hartman parece inverosímil en este parte del texto. ¿Sacrificios humanos en Nahuizalco?

Schultze Jena, en sus Mitos y Leyendas de los pipiles de Izalco, publicado en 1934 en Alemania y luego en 1977 en El Salvador, por una editorial Santaneca (Ediciones Cuscatlán, con copyright) describe el asunto de "los sacrificios humanos al sol", en donde describe que los viejos, los antepasados tenían una serpiente que hacían cantar cuando tenía hambre.

Narra como "por un camino llevan a un niño y le dicen que se siente sobre una piedra, allí lo sacrifican. Su sangre la hacen salpicar al Dios, nuestro padre que tienen dentro del templo.

La mitad del cuerpo se lo llevan como regalo al sacerdote, al que reconocían como el más viejo (¿para comerlo?, ¿para enterralo?, ¿para quemarlo?). La otra mitad, la retiran y la entierran, para que otros no lleguen a sacarla" ¿Por qué la van a sacar?, ¿para enterrarlo?, ¿para quemarlo?, ¿para comerlo?.

Si uno se detiene un poco en Casa Blanca, Chalchuapa, encontrará piedras altares de sacrificio quizá de animales, o... ¿de humanos? La cercanía de estos pokomames de chalchuapa con los izalcos puede hacer suponer lo segundo, pero sus diferencias culturales, haría suponer lo primero.

No hay pruebas, evidencias de que los pipiles, los izalcos hayan efectuado sacrificios humanos, pero eso no sería extraño, dada la herencia cultural mejicana. Juarros dice que no, que acá no se practicaba el sacrificio humano. ¿En que se basa Juarros? Seguramente en la historia que le contaron los mismos pipiles, y que quizá no se la contaron completa.

La herencia cultural de los pipiles también era una herencia religiosa y se veneraba al Xipe Totec, de la mitología azteca, al que conocemos con el nombre del Señor Desollado. Este Xipe tenía un culto, el sacrificio de víctimas, generalmenmte esclavos, los que se dedicaban al Dios. El sacerdote se vestía, literalmente con la piel del sacrificado, como una manera de expresar simbolicamente la nueva piel.

¿Sacrificios humanos en nuestra región? Quizá. Ya a los Chorotegas, habitantes del golfo parece que les gustaba la carne humana, no como sacrificio, si no como gusto particular por su sabor.