Erase una vez un conejo que se estaba comiendo un coyol. Llegó un coyote y le dijo: Ahora te como!

- No, no me comas, ven y come tú también.

- ¿Y qué es bueno pues?

- Sí, es sabroso! y se dispuso a cortarle un coyol; el coyote lo encontró sabroso.

Ahora dijo el conejo: Eso no es tan sabroso, lo que esta dentro es lo sabroso y se puede sacar quebrándolo. Saca tus "coyoles" , les pones encima la semilla de los coyoles y le das con una piedra.

El coyote cae en la trampa, se saco los testículos, puso encima los coyoles y les dió con una piedra. Desde luego, se rompió los huevos. El conejo salió corriendo, se subió a un árbol de zapote y se sentó. Entonces, comenzó a comerse su fruta. Pasó el coyote por el mismo camino.

- Buenos días coyoles quebrados, el que se come los coyoles

- Aja... allí estas, ahora sí es cierto que te voy a comer.

- No me comas, toma y comete este zapote.

- ¿Es sabroso eso?

- Sí, es sabroso, ¿quieres probarlo?

- Sí, me gustaría probarlo

- Abre bien tu hocico

Corto el conejo un zapote verde y se lo tiró al hocico, rompiéndole los dientes...

El cuento sigue de manera que el conejo es el padre de la astucia frente al coyote. Esto me recuerda a los cuentos de Tío Coyote y Tío Conejo. Claramente esos cuentos provienen de estos cuentos tradicionales de los Izalcos, y además, también son contados en Guatemala y México. Jena logro recuperar este cuento de las tradiciones de izalcos, (Sonsonate, EL Salvador), los que los obtuvieron como parte de su herencia cultural de sus ancestros, los mejicanos ya sea aztecas o toltecas. Si no es que Jena les adjudicó a los izalcos, algo mejicano... que bien hizo en recuperarlos de los izalcos, aunque suena extraño que Jena, habiendo estado en México no haya notado el parecido de las historias.

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