No puede ser menos. San Salvador es la ciudad capital de uno de los países mas pequeños de América. Apenas, como país, la superficie de El Salvador es superior a Bahamas, Jamaica, Trinidad y Tobago, Mauricio, Dominica, Antigua, San Vicente y San Cristóbal. Este último es el país mas pequeño de América y cuenta con 261 kilometros cuadrados, cabe cien veces en El Salvador. México tiene 1,964,375 kilometros cuadrados, cien veces más grande que El Salvador.
¿Influirá eso en nuestra percepción de las cosas? Pues, pienso que sí. Recuerdo como antes pensaba que ir de San Salvador hacia San Miguel era un viaje largo, larguísimo que uno debía hacer preparativos mentales para el recorrido, y llegaba cansado, con ganas de ir a acostarse; eso, hasta que una noche debía viajar de Quito a Manta en autobús, saliendo a las once de la noche y llegando a las 6 de la mañana. Entonces me dí cuenta que el país nuestro, el paísito al que amamos, es chiquito. Recuerdo claramente la primera vez que ví el Palacio Nacional en Lima, con su gran plaza al frente y me dio un poco de humillación pensar que lo que yo creía que era un Palacio Nacional en San Salvador, en realidad era un poco menos.
Hoy, San Salvador es Capital Iberoamericana de la Cultura y uno valora si lo que la Capital hará para agradecer (y merecer) el nombramiento desde la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas (UCCI) será consistente con el privilegio otrogado; y uno cree firmemente que no hay que pensar en pequeñito, a pesar del país.
Que
una serie de actos masivos, que integren grandes actos culturales es necesario. Desde luego, habrá algunos que ya deben pensar que no hay por qué hacer grandes actos, si la cultura no requiere de cantidad sino de calidad. Mi reflexión sobre esto es que la masividad es importante para hacer voltear a ver hacia la cultura, que no basta con que una tarde de sábado, en la casa comunal de una colonia se desarrolle un taller itinerante de pintura con las niñas y niños, sino que se debe visualizar la importancia de la creación de la Escuela Municipal de Artes, por ejemplo.
Que no es suficiente un Festival Gastrónomico en una pequeña plaza al poniente de la capital, sino que resulta mas interesante la ejecución de la Gran Degustación de Arte Culinario Latinoamericano en el Estadio Cuscatlán. Que no basta un concierto de la Sinfónica en el Teatro Presidente, sino más bien, la promoción de las Orquestas Sinfónicas Universitarias y el Concierto de la Cultura en un espacio adecuado como el Gimnasio Nacional. Que sería muy bonito e impactante ejecutar el Gran Concurso Nacional de Grupos Musicales Populares en el Estadio Cuscatlán.
Quizá nos vendría bien una Feria del Libro que tenga los libros mas baratos y que se ubique desde El Salvador del Mundo hasta el Parque Cuscatlán. A mí, que no soy religioso, me encantaría un evento donde se presentarán cien o doscientas agrupaciones musicales eclesiásticas en nuestro pequeño, ya pequeño, Teatro Nacional. ¿Por qué no? creatividad.
Estoy soñando y un poco exagerando, pero, México, Capital de la Cultura en el 2010 desarrolló en el Zócalo un Carnaval Iberoamericano de Primavera en marzo del año pasado, durante tres días!! Durante el año hubo conferencias, conversatorios, foros, en fin: discusión y difusión cultural.
La ciudad de México es un "poquito" màs grande que San Salvador y sus eventos como Capital Iberoamericana de la Cultura fueron mayúsculos. Notorios. Evidentes.
¿Podemos dejar de pensar en chiquito, tan en chiquito a veces que se llega a organizar, como parte de las actividades de la Capital Iberoamericana de la Cultura, una presentación de una obra teatral en un pequeño y desvencijado teatro en el norponiente de la capital, obra que no se difunde ni se coordina, y a la que llegarán... cuántos?, ¿10?, ¿12 personas?
Quizá la Capital de la Cultura 2011 debiera organizar eventos de la mano de la Secretaría de Cultura (obvio!!!!) y en coordinación con todos, toditos los centros académicos nacionales y privados, y las organizaciones relacionadas a la cultura, con cada uno de los museos de nuestra ciudad, con cada organización de artistas, en fin. Pensar en grande. Pensar masivo.


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