Es muy posible que casi todos nosotros hayamos reventado cohetes en nuestra infancia,
estoy también claro que algunos también, a pesar de su larga edad, sigue comportándose como cipotes, y continuan en la reventadera de cohetes y las grandes "ametralladoras" a las doce de la noche.
Esa nuestra costumbre es ancestral, y también forma parte de los elementos culturales adoptados por nuestro pueblo.
Es probable que sea una costumbre generada por la población de comerciantes chinos en El Salvador, los que quizá, después de haber traído pólvora china, pues decidieron reventar y celebrar la llegada de la navidad y el año nuevo.
Posteriormente, los salvadoreños -truchos en todo- se aplicaron para conseguir la fórmula artesanal de la produccion de cohetes, y ahi vamos reventando y tirando de todo.
Bien recuerdo, cuando estaba chiquito (uuuuuuuhhhh) que con mis hermanos y primos comprábamos los famosos cuetillos y pólvora: Estrellitas, silbadores, buscanigüas (ya prohibidas) chispa del diablo (ya prohibida), fulminantes chinos y salvadoreños, escupidores, mariposas, volcancitos, metralletas, estrellas gigantes, todo eso o casi todo, a base de nitrato de potasio, carbon y azufre.
Recuerdo que una vez, uno de mis primos me tiro un cohetillo en la bolsa del pantalón y el tal asunto, me reventó en la misma, haciéndole un hueco donde se me salían las pesetillas. Me dolió mucho, me ardió, pero nada más. Otra vez, uno de mis amigos se cegó del ojo derecho, ya que le sacó la pólvora a un silbador soplado y la puso sobre la acera, le dió fuego y el calor de la pólvora le quemó el ojo. Torpeza de bicho, angustia de la nana y encabronamiento del tata.
Aparecieron con el tiempo, los morteros 1, 2 3, 4 y 5 y más grandes y empezaron los cipotes a perder dedos, manos y más. ¿Quien sabe los riesgos de reventar la pólvora? Pues, los médicosy las enfermeras, a quienes les toca estar en los hospitales en la época festiva de diciembre, arrancando dedos colgantes, limpiando manos enrojecidas, cortando piel chamuscada... en fin.
Es tan díficil eliminar esa tontera a la que fuimos adictos de niños, porque no había gente grande que racionalmente sugiriera de forma consciente el uso moderado y supervisado de la pólvora. Hoy podemos sugerirlo, y ya sabemos que no nos harán caso.
Incluso, algunos sacarán sus pistolas, harán disparos al aire, y la tal bala irá a caer en la cabeza de alguien. Ah paísito.


Escribe un comentario