Carta abierta al señor editor de El Diario de Hoy
Con respecto a "La nota del día" del 2 de diciembre de 2010
 
Sr. Editor:
He visto su nota del día del 2 de diciembre de corriente, un amigo me la envió, la he leído y no he podido menos que sorprenderme por lo errado de sus criterios, y porque esos llegan a miles de lectores de su periódico, entre los cuáles no me encuentro yo. Este amigo que me la ha enviado se ha mostrado igualmente asombrado.
 
En esa nota usted hace afirmaciones, temerarias unas y dignas de una persona que necesita saber, las otras; eso no deja de maravillar a uno, que piensa que el editor de un periódico importante, debe ser alguien con cierta formación.
 
Su primera afirmación es que "tenemos la bendición en Centroamérica de no sufrir divisiones raciales". Pareciera señor director, que usted no ha salido de San Salvador nunca. En nuestro país, llamar "indio" a una persona no se hace con la intención de alabar sino de ofender; decirle "grencho" a alguien siempre se hace en afán despectivo; y hacer el comentario de que la "fulana viene del volcán", aludiendo a un origen humilde, campesino e indígena, es con un propósito denigrante.
 
En Guatemala, las personas pertenecientes a los pueblos originarios tienen más dificultades de acceso al poder que los mestizos, y en Honduras, pues, aún no se cuenta con un presidente de color. No es cierta su afirmación de que nadie discrimina a otra persona por su origen, usted lo llama "etnia o raza" aludiendo a un concepto desusado en ciencias sociales por la limitación que presenta para la comprensión de la cultura de los pueblos.
 
Parece usted desear evitar la realidad y no es correcto, porque con ello, se ocultan además problemas sociales que al final de cuentas aflorarán, como sucede siempre.
 
Usted menciona que hay "minúsculas comunidades donde la tradición indigenista se cuida con orgullo", este comentario suyo busca invisibilizar a los pueblos originarios, dejando entrever que solamente hay una "tradición indigenista", cuando en realidad son pueblos indígenas completos. Salir de San Salvador hace bien a todo aquel que no conoce la tan amada patria.
Ahí se da cuenta uno que en Occidente los pueblos originarios siguen existiendo y están vivos, que en oriente lo que usted llama "mezcla genética" es apenas visible en Morazán o La Unión, donde los pueblos lencas y kakawiras permanecen fieles a sus tradiciones. Tienen identidad propia. 
 
Hay un pequeño dejo de mofa, al aludir a que "las guarniciones militares dispersas en pueblos y cantones iban dejando simiente". Parece usted hacer a un lado el ejercicio de violencia e irrespeto a las mujeres, al que estuvieron acostumbrados los miembros de cuerpos militares o paramilitares en los pueblos y cantones, Su comentario, parece divertido, pero no lo es para esa gente que tuvo que soportarlos debido al temor de ser reprimido en el clamor de sus derechos humanos.
 
Pero no todo es malo, comparto con usted la bondad del Primer Congreso Nacional Indígena que promovió la SEC, aunque yo particularmente habría propuesto la firma del convenio 169 de la OIT que otorga derechos a los pueblos indígenas, y si como usted menciona, "son minúsculos", pues no habría mucho que cambiar. Yo sé que sí, y es la razón por la que se evita la firma.
Es conveniente, y de nuevo coincido con su pensar, que se estudie nuestra tradición, nuestra cultura ancestral, nuestros orígenes y sobre todo, nuestra verdadera historia, ya que, es seguro que aun quienes nosotros pensamos que la conocen, resulta que no.
 
Quiero aclararle que la literatura de los pueblos originarios es, de facto, inexistente, eso debido al arrasamiento cultural que los conquistadores de "la espada y la cruz" hicieron, aunque, como usted sabe, fue más y mejor usada la espada que la cruz.
 
Deseo preguntarle señor editor: ¿Existe maldad en que los pueblos conozcan y aprendan sus lenguas originarias? En Guatemala, a solo 125 kilómetros de la ciudad capital salvadoreña, el Estado ha considerado la educación bilingüe.
 
Eso significa, para cada región del vecino, se usa en la educación las lenguas español-quiché; español-quekchí; español-mam; español-caqchikel; y así, en cada región. Un loable esfuerzo educativo que respeta la identidad de cada pueblo originario y que no somete la cultura de esos grupos indígenas a una cultura dominante. No hay intención de generar sumisión.
 
En su comentario alude usted a los judíos, y estoy seguro que usted sabe muy bien que ese pueblo mantiene fidelidad a su raíz cultural por el estudio y práctica cotidiana de la misma.
 
Usted, señor editor, dice que "nuestros jóvenes necesitan aprender inglés, chino y portugués", estoy claro que usted sabe que, así como a finales del XIX e inicios del XX en El Salvador se enseñaba francés, ya hoy se enseña inglés. Que el chino -de la China Popular- es útil, pero no tanto como el francés o el alemán, eso por razones académicas y económicas.
 
No me di cuenta, por ninguna parte, que se quisiera imponer el uso de trajes de los pueblos originarios, no me parece pertinente, y creo que no es así. Su comentario parece una exageración para realzar su intencionalidad de fondo en la nota. Ojala logremos recuperar lo que usted irónicamente entrecomilla como "ciencia de los pipiles", hay muchos elementos en la cultura alimenticia, medicinal, axiológica de ese pueblo ancestral, que necesitamos en la sociedad actual. No para convertirnos en "pipiles danzantes", si no, para aprovechar esos saberes.
 
Una pregunta: ¿usted cree que, en serio, nuestros jóvenes quieren ropa de marca? Y ¿cree que en serio, alguien está pensando en que usemos taparrabos? Me empiezo a preocupar por la calidad de su trabajo, más cuando sé que mucha gente lee su periódico y se encuentra a merced de esa influencia perniciosa. Entiendo que cuando habla de ese tipo de ropa, se refiere a las marcas Benetton, Tommy, Gucci y no sé qué más, como si pudieran comprarla.
 
Para seguir con su texto, debo decirle que las "panchas" desaparecieron debido a que ese pueblo fue sometido a una cultura impuesta, donde no quedó más, para ellos, que terminar sucumbiendo, dejando de ser lo que eran, para transformarse en lo que no eran.
 
La alienación de estos pueblos era necesaria para que lo auténtico de su cultura diera paso a un proceso de homogenización de los salvadoreños, un plan donde se pretendió mestizar a toda la sociedad, para eliminar la diversidad, por considerar que los indígenas eran bobos, haraganes, pendencieros y borrachos, eso como una interpretación de un grupo, que se creyó y se cree aún, superior.
 
Sigo creyendo que usted no hace gala de ignorancia por que sí. Pienso que usted tiene un propósito cuando dice que aspectos como la medicina ancestral ha sido superada. Pienso que usted sí sabe lo que cuesta una consulta en una clínica particular y que debe entender que ese precio es una parte significativa del salario mínimo rural.
 
Es posible que una consulta suya, en el centro médico donde usted se atiende - aquí o afuera del país- debe representar un monto de dinero que ya quisiera poder pagar un trabajador agrícola, un artesano o un obrero. Lo que creo que no sabe es lo que significa pasar consulta en el Hospital Rosales, y de veras, espero que eso no lo pase usted como experiencia, nunca.
 
Hay otros elementos, en su "nota del día" que mueven a tristeza por lo evidente del desapego a lo propio y el clamor y ansia por lo extranjero. Usted dice que las comunidades rezagadas (que yo llamaría empobrecidas) quieren "comerse una hamburguesa" y leer los diarios. 
Espero que usted sepa los peligros de andar comiendo hamburguesas -grasa y carbohidratos- y no padezca de sus efectos en las enfermedades cardiovasculares. Le aseguro a usted, que una sopita de frijolitos rojos, con bolitas de masa de maíz, pipianes, requesón, aguacate y crema, es, de veras, muchísimo más deliciosa que una hamburguesa, tiene un precio mucho menor, y es nuestra. Si tuviéramos una adecuada producción y los costos fueran los adecuados, nuestros campesinos y agricultores pudieran producir los insumos para este deleite y otros alimentos más, dinamizando la economía nacional con un comercio al interior. 
 
Creo que su falta de caminar por el país le ha dado una imagen que no es congruente con nuestra realidad. No es pecado eso, el pecado está en utilizar su medio de comunicación para hacer creer a otros que las cosas son como usted las percibe y no orientar al conocimiento de la verdad absoluta, no la suya.
 
La gente en las comunidades quieren tener su espacio de tierra para sembrar los cultivos que producen el alimento, quieren tener mercado para vender ese producto, quieren contar con asistencia técnica para mejorar los resultados de su producción y desean créditos a tasas que puedan ser pagadas por la rentabilidad de esos cultivos, en la escala pequeña en que se producen.
 
No crea usted que quieren estar viendo televisión o comiendo hamburguesas.
 
La gente sí quisiera que los medios masivos de comunicación como el suyo, estuvieran al servicio de la población, que sirvieran como cartillas de alfabetización, como cuadernillos donde se destaque el idioma originario de la región, como boletines que difundieran la utilidad de la botánica en la medicina, como recetarios de jugos de frutas donde se comunique las propiedades de cada fruta.
 
Creo que eso no va a pasar, debido que usted ideológicamente está orientando a la invisibilización de nuestros pueblos originarios y al sometimiento de nuestra cultura a culturas de pueblos con mayor poder político y económico.
¿Se ha preguntado por qué razón nosotros vemos en televisión programas tan alejados de nuestra realidad como "Friends" y no hemos sido capaces que en los Estados unidos se transmita un tan solo programa de "El Cipitío" con el abuelito Tláloc? Es debido a la imposición cultural del poderoso, eso a lo que usted empuja, intencionadamente, con su nota del día.
Hago bien no leyendo su periódico.