Cuando fue Gobierno tampoco fue gritador
Mientras más quedito hablaba  más temblaban los Generales
Y el Señor Obispo que también secreta se escapa a orinar

Dalton

Mario Mata
Antropólogo - UTEC
 

Estaba en mis últimos preparativos antes de marcharme de la escuela de antropología, cuando de golpe interrumpió mi concentración el colega Julio Martínez; llegaba nuevamente con su apasionado tema, relacionado a los sucesos de 1932, el levantamiento indígena y la figura del dictador, temática en la que nos hemos documentado desde una perspectiva académica, histórica y analítica, lo cual hemos compartido en las aulas universitarias en nuestra labor docente.

 

Julio, es un bloguero que le interesa tocar temas sociales y utilizar ese espacio para la docencia universitaria a distintos niveles, así como también para establecer contacto con investigadores y académicos. En esas navegaciones en la red, se conectó con Miguel Ángel Castañeda, con quien intercambió algunas ideas y desacuerdos sobre lo planteado en un escrito (posteado en el blog) sobre el general Martínez. Recuerdo que eso lo inquieto, al colega, pues le intrigaba quién era aquel hombre que decía que conoció al general. Poco tiempo después, Castañeda envió desde los Estados Unidos un par de ejemplares del libro de su autoría titulado La otra cara del dictador.

 

Este relato es un ejercicio de la memoria que arranca desde la infancia del autor y sus diferentes facetas en la vida en donde, por situaciones familiares directa o indirectamente, éste, tiene un vínculo con el general Martínez, inclusive después del golpe de Estado de 1944; Castañeda es quien lo introduce y lo orienta, por cuatro años, para facilitarle el proceso de adaptación en la vida de los Estados Unidos.

 

Castañeda relata su reencuentro con el General: "A su arribo a los Estados Unidos, trabajaba yo con la Pan American Airways en la Florida, en la sección de viajeros importantes y habiéndome anunciado El General en carta de su viaje desde Guatemala, puede serle útil con los trámites aduaneros. Recuerdo que declaró muy poco efectos personales y algún dinero como patrimonio total. También me causó extrañes el descubrir que su "fortuna" era relativamente pequeña, sobre todo después de haber sido presidente de la República de El Salvador durante 13 años. Me pidió hospedarme en un hotel modesto y así le hice la reservación en el Hotel Alamac, en Miami Beach".

 

Este encuentro en Miami no es fortuito, pues Castañeda lo conocía desde cuando él era un niño, "Corría el año de 1929.... Su llegada fue todo un espectáculo!... ¡Venía a caballo! Pues no había otro medio de transporte desde nuestra Villa hasta la población más cercana, Quezaltepeque, situada a 8 kilómetros de distancia y a donde sí llegaba el tren desde San Salvador". Más adelante nos relata: "Como era costumbre en sus visitas a San Matías, el primer desayuno fuera de su casa, era en la nuestra y había una razón: el coronel Miguel Ángel Castañeda, mi padre, era un militar retirado que además de ser el alcalde y el jefe civil de la población, compartía con él sus ideas místicas, y aunque no eran de la misma generación..."

 

Como se puede inferir, desde la niñez Castañeda tenía una relación directa e indirecta con el general Martínez la cual le construye una posición de afectividad, de respeto, de simpatía y admiración. Sin embargo considera que Martínez no era un héroe para todos, pues los ladinos y los mestizos lo consideraban un hombre peligroso por ser indio educado y militar.

 

"En cambio para los pobres y humildes, que al encontrarse con él en la calle entablaban largas conversaciones y hablaban de cosas simples, como las iguanas, de los cacaricos (camarón de río) de chimbolos (peces de agua dulce) que pescaban en las aguas claras del pozo de las Pilas Negras, aquellos con los que compartían relatos de cacerías de gallinas monas, de mapaches, de tepezcuintles, de venados en los malpaisales, en las riberas del río Sucio, o aquellos quienes le referían las últimas apariciones y cantos de los tecolotes o de los sustos de la carreta bruja a medianoche... para ellos, aquellos que al despedirse lo hacían con un "ándate ya o "¡ándate pue...! par esos Martínez era su "Vacahlata tata" (hermano y padre a la vez)".

 

En el relato el autor magnifica y se esfuerza por dignificar la figura de Martínez, hace en torno a él una imagen de ser popular entre los humildes, léase indígenas, de tener un arraigo popular, de estar de cerca con los necesitados, de conocer sobre las historias populares y la vida cotidiana de la población. Pero también en esa descripción hay un menosprecio a los indígenas, son tratados como ignorantes, especialmente cuando se dice que con ellos hablaba "de cosas simples".

 

La otra cara del dictador,  denota una cercanía familiar entre Martínez y los Castañeda, está sellada con afectividad y reconocimiento, a tal grado que cuando muere el coronel Miguel Ángel Castañeda, ya siendo presidente el general Martínez, "envió tropas a San Matías para rendirle honores militares y acompañar  el féretro hasta el cementerio General..." de San Salvador.

 

No obstante, del fallecimiento del coronel Castañeda, el autor nos relata la relación e incidencia del Martinez en el rumbo de la familia de los Castañeda: "A falta de jefe de familia, mi abuelo materno Pablo Alas López y el general Martínez decidieron que para hacerme un hombre disciplinado y  "de bien" siguiera la carrera militar y que la iniciara en el cuartel de caballería de la capital, en donde pensaron, que después de graduarme de sargento, podría obtener una beca  en la Escuela Militar", situación que no logró debido a revelar entre sus compañeros de fila militar su relación y cercanía con el presidente Martínez, razón suficiente para que lo marginaran y le hicieran la vida difícil y éste desistiera de continuar con su formación militar.

 

Al encuentro en Miami, Castañeda aprovecha para conocer más de cerca los pensamientos, los relatos, las historias, los posicionamientos políticos y los intereses del general Martinez, estos encuentros y citas de la correspondencia entre Martínez y el autor es la base para el relato de La otra cara del dictador.

 

El testimonio es intimista, pertenece al mundo de los sentimientos, en él se encuentra la nostalgia, el recuerdo, el orgullo, lo vivencial, de lo vivido en San Matías, en el pueblo, en la patria, de los diferentes caminos y situaciones de la vida, de las experiencias en el exterior; pero a pesar de todo eso y más, realmente el relato tiene la clara intención e interés de sanear la imagen del general Martínez, de presentarlo desde otra perspectiva, de limpiarle la imagen a partir de la cercanía y la vivencialidad.

 

Me tomé el atrevimiento de comentar esta publicación por las siguientes razones esenciales:

  1. El rescate de la memoria histórica es la manera más expedita, sabia y única de acceder a la verdad de los hechos que correspondieron a un tiempo y a determinadas circunstancias de la sociedad.
  2. La memoria histórica es el resultado de la interacción sociocultural; partiendo de ello podemos acuñar que la memoria histórica está constituida por lo menos por la dimensión humana, histórica, política y cultural.
  3. El autor es un salvadoreño que ha vivido por muchos años en el exterior y en la actualidad radica en Estados Unidos; es una persona de 90 años que está dando luz a su memoria después de 60 años de haber convivido con Martinez.
  4. En este relato me llamó la atención que Castañeda le da voz a uno de los personajes a los cuales no se le conoce mucho su voz, sus escritos, sus pensamientos, pues el autor presenta algunos fragmentos de correspondencia entre él y el dictador, pero eso no se queda allí; presenta en el documento reflexiones, planteamientos y análisis del contexto político nacional e internacional hechos por el mismo general Martinez cuando éste estuvo radicado en Miami.
  5. Si el autor de La otra cara del dictador en realidad posee cartas a las que hace referencia que intercambio con el general Martínez, y sí Castañeda accedería a donarlas o, en su defecto, proporcionar una copia de esta correspondencia para su estudio, interpretación y veracidad desde una perspectiva académico y profesional, esto sería un valioso aporte a la configuración de la identidad salvadoreña.
  6. La importancia y validez de rescatar la memoria de los salvadoreños que viven en el exterior. Esas experiencias de vida que corresponden a otras épocas y realidades sociales son materia esencial para la construcción del contexto sociocultural que vivieron cuando residían en El Salvador y que se llevaron consigo a otros horizontes; ese hecho de rememorar les da arraigo e identidad, de igual manera, hace aún más grande y colorido el vitral de la identidad.
  7. Incitar a Miguel Ángel Castañeda a realizar un foro, un intercambio vía Internet con estudiantes, docentes e investigadores interesados en el tema del Martinato.  
  8. Se hace necesario emprender una labor de investigación, desideologizada, histórica, que permita dimensionar la política cultural que implementó Martínez y como ésta incidió en el desarrollo de la cultura hasta nuestros días.