Karen Yamileth ya sufría de la pobreza, ya el sistema la había dañado, la había violentado.  A sus 22 años, ya tenía dos niños, dos cipotes con los que había que bregar, entre el trabajo, los niños y la miseria, en este país donde el cambio es apenas perceptible.

A Karen Yamileth, la violentaron diciéndole que era una ladrona, que se robaba una pasta de dientes, que se llevaba un cepillo en una bolsa, que no tenía derecho, que la iban a acusar.

A ella, eso se lo gritaron frente a mucha gente, y frente a esa gente la abochornaron. La humillaron.

A Karen Yamileth, los guardias de "inseguridad" del supermercado, la llevaron a empellones, y la golpearon, hasta privarla de su libertad, la encerraron en un cuarto con cables de energía eléctrica.

De la muerte de Karen Yamileth, nos quedan solamente dudas, solo sospechas, solo conjeturas, todas odiosas.

A Karen Yamileth, mujer, la mataron cuando dijeron que era ladrona de algo que no vale dos dólares, en un país donde los ladrones de cuello blanco se han llevado millones. Los Perla, los Silva y los no me acuerdo son muchos.

Karen Yamileth no estará hoy en las calles, expresándose en el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer.

Karen Yamileth no ha sido cubierta por los medios de comunicación, y hoy, incluso varios organismos de mujeres, quizá no la recuerdan.

Hoy, en El Salvador, este día, debería llamarse el Día de Karen, como un taladro de conciencias.