Tom Jones vivía en Soyapango cuando yo lo conocí, y no cambió de casa.
Me acuerdo que siempre se refería a mí, no como Julio o como Julito, o Julián, sino como "Julius" (yulius), y tenía un caminar de tranquilidad, como caminando sobre las nubes, despacio, sin prisa, sin angustia, sin ansiedad, sin correr, sin molestarse en caminar, como dejando que el aire, la inercia o el olor de la comida lo llevara levitando.
Tom Jones, tenía una voz ronca, como Jacques Brel, o D´yango, y siempre decía cosas atinadas, y si no tenía nada que decir, no decía nada.
A Tom Jones le gustaba las celebraciones de la familia, comer tamales en colectivo, y escuchar música de los 60´s y 70´s , ver videos musicales y platicar sentado en su salita.
Caminaba por las calles de su barrio donde todo el mundo le conocía, iba a la iglesia y cada sacerdote que había pasado por ahí, lo recordaba.
Recuerdo que uno de estos sacerdotes me preguntó por Tom Jones hace como seis días y le comenté que estaba por ahí, buscando no dejar de cantar.
A Tom Jones le gustaba ir al Hiper Paiz, y conocer el nombre de cada cajera, iba a pasear al super mercado, para ver los precios de cada cosa, las ofertas del día y algun volado nuevo.
Tom Jones, salió del Hiper Paíz con la carretilla en la mano, durante el terremoto del 2001, y no se dió cuenta hasta que ya había caminado un montón.
Tom Jones, quiso y amó a mis hijas, con amor de verdad. Y a él, lo queríamos todos, con ese mismo amor.
Tom Jones, ya no canta. Y su ausencia hace un ruido que lo escucha en Inglaterra el mismo Tom Jones.


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