Uno se levanta con grandes ánimos, se baña por las mañanas, le da un besito al chucho, se perfuma y se peina, y de repente, toma un cafecito con panito o algo así, haciéndose acompañar del periodico para notar que ha pasado de interesante, y en la primera plana encuentra los primeros números, datos estadísticos de la policía, de los hospitales o de la morgue, lee noticias como esta:
"Equipos de Bomberos y de Medicina de Legal realizan esta mañana labores para rescatar una cabeza humana, que según testigos pertenece a la niña Alejandra Galdámez, de seis años, cuyo cuerpo fue encontrado la semana anterior en el cantón Los Acostas en Ciudad Arce.
La niña fue brutalmente asesinada por pandilleros, quienes se la arrebataron a la mamá, una mujer de orígenes muy humilde quien se negó a pagar $50 de una extorsión".
Esto me parece lúgubre, tenebroso, terrorifico... a pesar de eso, sigo, doy vuelta a la página y me encuentro que a una señora, el asaltante la lanzó del microbús donde iba porque no quiso darle la cartera, quizá con unos centavos que llevaba.
Mantengo aun en mis manos el periodico, en contra del temblor que me causan las noticias, me limpio la primera gota del sudor del día, aun sin haber comenzado a trabajar y me pregunto:
¿Esta realidad que tenemos no es un mal sueño?
Una de mis niñas me pide dinero para pagar no se que cosa, me tocó el bolsillo del pantalón y las monedas suenan. No es un sueño.
En ese momento, decido seguir con la lectura pero pienso que es mejor en algo menos duro, me voy a la sección de deportes me encuentro con el desfalco de una federación deportiva, y la auditoría para poder determinar, no si acaso robaron, si no cuánto se robaron. Entonces me digo que he escogido mal las páginas.
Me voy al editorial, y decido tirar el periodico a la mierda, por que el editor empieza explicando que no hay razón para dedicar tanto tiempo al tema de las cachiporistas, habiendo tantos otros problemas. El editor se olvida o su miopía lo traiciona, y no le deja mirar que lo de las cachiporristas es un tema que alude a la equidad, la autoestima, el respeto a la mujer como ser y no como objeto-cosa, a la moral y a la libertad, y no a las piernas. A ese momento decido no leer mas, ya mi hipertensión se vuelve una amenaza, miro el reloj, apenas son las 6 y 15 de la mañana.
No, es posible que los días comiencen así en el paisito, este que alguna vez fue llamado "el país de la sonrisa" mientras la gente se moría de hambre.
Me voy al trabajo y me encuentro luego con unos compañeros y me explican que un locutor llamado Pencho (¿eso es un nombre?) y su "partner", una anciana chiquita llamada Aída, se han despedido de la radio difusora donde trabajaban.
Sacó mi cuaderno de notas, y escribo:
"En el año 2010, la muerte de las personas, no eran tan importantes como los programas de chascarríos y locuras. La vida, se miraba con ánimo de post modernidad".
Guardo el cuaderno en una bolsa plástica y lo meto en una cajita, esperando que los antropologos y arqueologos del futuro lo encuentren y tengan una evidencia cierta sobre la asignación de valores de los salvadoreños.
Digo con Eduardo Galeano, el mundo al revés.


Marlon
20 ago 2010 | 07:54 PM
Nuestra sociedad se aproxima a ver la muerte como algo común, la inseguridad y el temor de sufrir alguna lesión algo que pasa a formar parte del diario vivir de todo salvadoreño.
Desde hace mucho las muertes en este país han tomado otro rumbo, que el país se este acostumbrando a las muertes no una coincidencia de esta vida. Considero que muertes en gran medida ocultan la muerte de personas que quieren generar un cambio en este país.
Y luchar solo es dificil en un país en el que han educado a las personas a resignarse con su condición de vida.