En el camino
Julio Martínez
Este era el proyecto de Oscar, Edu, Toni, Marcela, Keren y Eduardo y otros más.
Bajo este proyecto se preñó y parió dos libros gemelos, parejos, hermanos: Los migrantes que no importan y En el camino, crónicas y fotos, fotos y crónicas de la ruta de los migrantes, de sus truncadas y de sus dificultades para convertirlas en exitosas aspiraciones.
Hasta ahora, mi visión acerca de los migrantes sumaba huída del país, dificultad en el traslado, asaltos y maltratos de la policía mexicana y correr por la frontera, en algún lugar de ella.
Alguna vez he hablado sobre migrantes, con datos estadísticos oficiales y no oficiales; he armado datos de remesas, he diseñado proyecciones remesarías con mucho tino, incluso hice un trabajo de investigación, conversando con familiares de migrantes en Estados Unidos y Europa y preparé un informe para una agencia de cooperación. Nada de eso me sirvió como escudo.
Oscar y Edu se encargaron de hacerme sentir un ignorante en lo que a migrantes se refiere, de repente fuí descubriendo en los libros, que no deben verse por separado, aspectos de los que ya había escuchado, había percibido, había leído entre líneas, pero no en su magnitud.
Mi primera lección:
Los Zetas mandan en la ruta migrante, y si no son ellos, lo serán los otros carteles mexicanos contra los que la autoridad oficialmente establecida, la lucha frontal decidida por Calderón, la policía ni nadie ha podido hacer nada.
Los Zetas son los encargados de bolsear, secuestrar, torturar, matar a los migrantes para que paguen o como escarmiento por no pagar. Y en el estilo del terror, los Zetas matan para aterrorizar, ya sea disparando un tiro en el cuello o quitando las cabezas y poniéndolas donde se puedan ver para generar el efecto deseado en los migrantes, el terror. 
El secuestro forma parte de la usual, cotidiana manera como los Zetas se generan sus ingresos a costa de personas, de seres humanos que escapan de la pobreza. ¿Sacar algo de dinero de un pobre? Para ellos, siempre es posible, de alguna manera.
Estos engendros del mero cachudo tienen aliados: otros migrantes, otras personas que viven a lo largo de la ruta, varios malos policías, algunas autoridades municipales, uno que otro agente federal, vendedoras de agua o refrescos en una esquina.
Toda una red especializada en torcer hasta la última gota del último centavo de su víctima, el migrante. Historias de terror, verdaderas, de audacia de riesgo, de dolor, de esas que son capaces de tocarte el corazón con la puntita de un alfiler, y hacerte rodar varias lágrimas, como me pasó a mí.
Mi segunda de memorizar:
El tren no es un aparato, un vehículo, el tren es una bestia que no respeta ni separa nacionalidades, pobrezas, edades o sexo. El tren no tiene sentimientos. El tren es asesino.
Los migrantes se pueden dividir en dos tipos, incluso más, pero digamos dos tipos: a) los que viajan por avión y tienen su visa formal, asegurada, una pequeña fiesta al llegar donde su familia; b) los que viajan por tierra y deben atravesar el territorio guatemalteco y mexicano, con poca facilidad.
Estos últimos son los sufridos, los que deben subirse al tren esperando que haya un asalto, que un falso migrante los asalte o los engañe, o que el tren cobre su pedazo de cuerpo si no la vida, como parte de su peaje.
No se trata solo de subirse al tren y tener la capacidad de hacerlo cuando está en movimiento, se trata de todos los peligros que el tren implica. La bestia es capaz de morder cuando menos se espera.
La tercera de aprender:
Las mujeres siempre son violadas, si una mujer decide iniciar un proceso migratorio usando la vía de Tenosique o la de Tapachula, debe tener claro que junto con las toallas sanitarias, las panadol, las yodoclorina, debe ponerse su inyección de control natal y llevar un puñado de condones.
En algún lugar del camino corre el riesgo de ser violentada. En esta ruta, las migrantes son presa fácil, son menos problemáticas de victimizar, y casi siempre terminan sufriendo la violación, si no llevan dinero y aunque lo lleven. Con suerte, no son secuestradas para ser vendidas en alguno de los burdeles de la ruta, de donde quizá nunca pueda salir.
Una cuarta letanía:
La migración es un generador de dinamización en la economía, de manera informal, los coyotes, las tiendas, los comedores, la mafia, los conductores del tren, los dueños de hospedajes, los vendedores de agua, los taxistas, los guías, los dueños de las combis y sus empleados todos se nutren de este ejército de pobres que están con un objetivo claro puesto en su cabeza, llegar a los Estados Unidos, y para eso, deben caminar, correr, trenear, esconderse, soportar y… y pagar. Los pueblos fantasmas que nos cuentan los dos libritos, lo son debido a la ausencia de migrantes.
El quinto aprendizaje:
El muro es un conjunto integrado de varios componentes, hasta ahora por falta de análisis, por falta de reflexión, por falta de ponerme a pensar, no había caído en la cuenta de que el muro no es el muro, que el muro por sí mismo no es nada, como bien dice Esmeralda, si ponemos un muro de diez pies, ellos, los migrantes tendrán una escalera de once.
El muro es una manera de llamar al conjunto de barda, policías de migración en bicicletas, agentes en motocicletas, oficiales en vehículo todo terreno, helicópteros, binoculares infrarrojos, cámaras a lo largo de toda la frontera, el desierto y el río Bravo. A ese muro, debemos sumar también, hoy, a los narcotraficantes. Todo eso en su conjunto conforma el muro. 
No es solo la barda, que como bien dice el cura de la crónica “se puede llenar toda esta barda con cruces de cada uno de los migrantes muertos” y no alcanzaría. La barda es importante, pero simbólica.
El muro está conformado por todos esos componentes, donde el más peligroso es el narcotraficante, causante del endurecimiento de las medidas tomadas por los amurallados. Los gringos están contra todo, pero sus medidas principales han sido tomadas para enfrentar el cruce de droga, los narcos han acabado con las posibilidades de los migrantes de cruzar la frontera, es por los narcos que las medidas son más duras, y son los narcos mismos que han puesto caliente la frontera, y no al contrario.
Un fugaz profesor mío de idioma, nativo gringo, me explicaba que el principal resorte que mueve la construcción del muro no es el migrante sino el temor al terrorismo. A pesar de eso, ningún terrorista ha cruzado la frontera de este lado mexicano. Más seguro que llegue por avión. Aunque, también los narcos se consideran terroristas por el gobierno estadounidense. La locura antiinmigrante de algunos estados –incluye gobierno y pueblo- también han recrudecido las medidas de seguridad en torno a la barda.
Sexto de tomar en cuenta
El narcotraficante ha superado a las fuerzas policiales en México, y en la frontera, en muchas pueblos a lo largo de la ruta del migrante, manda el narcotraficante. Los nombres del Señor de los cielos (¿ya fallecido?... quién sabe!), el Chapo Guzmán, los Zetas y mas carteles del narcotráfico mandan, son autoridad, son la ley.
Los maltrechos agentes municipales de los pueblos lo saben, y lo saben los acaldes, y los jefes de policía. Lo sabe el gobierno de Ciudad Juárez, lo saben los gringos y lo sabe el Presidente Calderón. Debemos saberlo nosotros y deben saberlo los migrantes nuestros, que no van a dejar de salir, si no hasta que se goce de seguridad personal y un empleo digno en este pueblo, que, irónicamente, lleva el nombre de El Salvador.
Los migrantes que no importan y En el camino son dos libros que deben formar parte del conocimiento que todo salvadoreño debe llevar dentro, porque los migrantes forman parte de nuestra realidad, porque todos tenemos un conocido, un amigo y un familiar que ha migrado y porque nunca se sabe cuando le tocará a uno. La diferencia entre saber y no saber.
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