Los humanos somos humanos, no importa nuestro color, tamaño, ideas, dígitos en el banco, partido por el que votemos, país en el que vivamos, o universidad en la que estudiemos. Somos humanos por una condición natural.
Julio Martínez
De forma independiente a cuál sea nuestra idea de Dios, uno no puede dejar de impactarse ante una de las muertes que más ha marcado la historia de la humanidad, la muerte de un tal Jesús de Nazareth, que se convirtió en el asesinato que dio como resultado el crecimiento de la religión cristiana.
Ese asesinato tienen varias características, entre ellas la existencia de un juicio extraño en donde no hay una historia de abogacía que respalde la defensa del acusado; un grupo de acusadores que de manera desordenada promueven con saña, con odio, una acusación basada en las ideas. No en un delito determinado, sino en las ideas.
Y luego, llega una sentencia basada en la costumbre, la costumbre de infligir dolor, de escarnecer para ejemplo de los demás, para que tuviera el efecto de que se pudiera ver, desde los otros, el ejemplo que aterroriza.
Los amigos de Jesús, en un inicio, nos cuenta la historia, trataron de esconderse, de negar su amistad con él, trataron de desvincularse para no sufrir la misma acusación, el mismo juicio, el mismo castigo.
Sin embargo, en la medida que el tiempo pasaba, que la convicción de lo que se estaba haciendo y siguiendo como ideas y modo de vida era propio y correcto, el miedo tuvo una conversión, el miedo se convirtió en fuerza.
La fuerza que les llevó a difundir de manera universal su propio mensaje, y que ahora forma parte de una de las ideas de la humanidad más importante en términos de religión rellena de valores.
La historia recoge con detenimiento en la visión de Marcos, de Lucas, de Juan y de Mateo detalles de esta muerte.
Los evangelistas son un buen ejemplo de cómo la crónica histórica evangélica, que es leída hoy en algún lugar cada día, sirve para mantener viva a la víctima de entonces; los cristianos mantienen vivo a Cristo a partir de leer y reflexionar su historia.
El miedo se transformó en una extraña y poderosa fuerza que motivó la organización de un núcleo de amigos organizados en una pequeña célula, un grupo muy pequeño, pasaron a una etapa de crecimiento y llegaron a ser cientos, miles, millones a través de la historia.
El poder de la idea correcta, que en este caso se enfrentó a una fuerza imperial, que tenía sus propios valores y que además estaba de forma intrusiva en su territorio, sin permitir la autodeterminación de ese pueblo, llevó a la organización y a la confrontación con ese poder.
Las características de la víctima nos llevan a identificar estos aspectos tan importantes en la dignificación.
Por un lado, representa a una minoría sin poder económico que sigue un ideal, es un grupo marginado del poder político y tiene además muchas desventajas sociales en la medida que vive bajo la sombra del usurpador.
A pesar de eso, la figura de este hombre que ha generado múltiples pensamientos a través de la historia, ha sido destacada, eso solo ha sido posible por algunas razones:
- La historia ha recogido esta gesta y la ha difundido, lo que ha dado lugar al reconocimiento del esfuerzo, del ideal.
- La figura de Jesús ha sido dignificada, se ha puesto de relevancia, se ha considerado ejemplar.
- Jesús mismo es sujeto de memoria concreta a través de monumentos, de imágenes que le dignifican, hoy a través de la historia, como un hombre ejemplar. Para los cristianos, esto no podía ser menos, si en efecto desde su propia creencia, es el hijo de Dios.
No es solo el ejercicio moral de buscar y hurgar en el pasado lo que lleva a la consideración de la figura de este Jesús –como debe ser con tantos otros humanos que sufren del escarnio, que viven la injusticia, que son sometidos por la fuerza al poder- como una fuerza vital que empuja una idea, si no es también, la necesidad de identificar con claridad al victimario, de conocer sus motivos.
Imaginemos ahora una historia distinta:
Un moreno de Galilea es apresado por sus ideas, es llevado ante el Prefecto de Judea, un tal… no recuerdo su nombre, en un año del que no tengo memoria.
Este de alguna manera decide que este joven moreno debe morir. Lo matan de alguna forma desconocida. Sus amigos le abandonan, nadie le recuerda hoy. Ni el nombre, ni la fecha, ni la idea que sustentaba, ni la forma como muere, ni nada. No hay recuerdos ni memoria de su figura.
¿Qué sucedería en el mundo de hoy, si en efecto, no hubiera cristianismo, el gran legado de Jesús?
La historia sería diferente. La dignificación ayudada por la historia tiene este claro efecto. El cambio en la manera como el mundo recuerda y dignifica a sus víctimas produce cambios históricos también. Hoy la antropología forense es capaz de decirnos como este Jesús muere, y comprobar el relato, la crónica histórica.
En otro rumbo, en otro lado, en otro momento, con otro pueblo, otro ejemplo:
Como parte de la dura y difícil historia del siglo XX, en particular de su primera mitad, es necesario conocer los vericuetos y escondrijos conceptuales de la segunda guerra, toda persona debe conocer acerca del Holocausto judío ocurrido durante ese conflicto mundial, eso, de nuevo, totalmente independiente de su idea sobre los judíos, y sobre todo recordando que los judíos de ahora no son los que sufrieron ese holocausto:
- Poco más de 6 millones de seres humanos son asesinados de una forma injusta, con saña, con alevosía, sin misericordia por la sola razón de ser parte de una cultura y tener unas características fenotípicas determinadas. (Solo como aclaración, entendemos el fenotipo, en parte como la expresión del genotipo en un determinado ambiente. Otra parte del fenotipo esta influenciado por el ambiente mismo).
- En la entrada de Auschwitz, aparte del conocido rótulo que decía El trabajo les hace libres –Arbeit macht frei- (una ironía, ¿no es cierto?) también se dispuso la colocación de un nuevo rótulo, “Olvidar es repetir” así dice el letrero en la entrada de este infame lugar que es visitado diariamente por miles de personas. Una memoria de dignificación de las víctimas.
- El letrero de Auschwitz trata de enseñar a partir de la sola frase dignificativa, que el papel de la historia es fundamental para la mejora de los seres humanos, hombres y mujeres que debemos aprender de nuestros errores y de nuestros aciertos.
- Lo que no es procesado, sistematizado, interpretado adecuadamente corre el riesgo de perderse. El papel del historiador es el de recoger e interpretar en el contexto histórico, a veces tan determinante en las acciones de los seres humanos, sus propias actuaciones. El polvo que es metido debajo de la alfombra, para usar una idea robada a otro escritor, no ha desaparecido, ahí está, al final siempre va a volver, de ahí la importancia de no olvidar, para no repetir. Es la única manera de no caer en los mismos errores.
Por esa sola razón, los pueblos, los países, los grupos particulares con culturas especificas, deben conocer su pasado, de dónde vienen, apropiarse de sus propias raíces y generar esto que es tan importante en la construcción de una nación: La identidad.
No valen los intentos de no desarrollar memoria histórica, de no aprender las lecciones de la historia, de ocultar lo que nos avergüenza como país. La importancia de hacerlo notar está en la garantía de no repetirlo y en la construcción de una nación con raíces identitaria comunes.
En los dos casos anteriores, el sólo ejercicio racional de recordar el pasado, se transforma en esa fortaleza humana que nos motiva, que nos impulsa, que nos hace llorar, que nos da indignación, que nos fortalece, que nos vuelve tenaces, que minimiza los riesgos, que cuestiona el poder, que propone confrontar al injusto, que nos pone los pelos chinitos, chinitos de dolor y de asombro.
- En los dos casos, olvidarlo, sería repetirlo.
- En ambos casos, ha sido necesario conocer la víctima y sus razones.
- En ambos casos ha sido imprescindible identificar con todos los pelos y señales al victimario.
- En ambos casos, recordar es la garantía de no volver a permitir que se produzca el hecho.
- En ambos casos, la dignificación de las víctimas es ayudada por la historia como ciencia de la memoria.
- Evocar a las víctimas y dignificarlas, tiene un valor incalculable para el sano y democrático proyecto de construcción de cualquier nación y sociedad.
Tiene el significado de poder superar la violencia, generada en buena medida por la ausencia de gobernabilidad que tiene el extraño efecto de la impunidad y que refuerza a la misma violencia.
La dignificación supera al odio y a la violencia. No saber, no recordar, no entender, es parte de las raíces de dolor para los familiares de los victimados y para los miembros justos de una sociedad.
La memoria histórica debe preocuparnos más a quienes nos vemos sometidos constantemente a mecanismo de olvido y no de recordación.


Emilio
18 jul 2010 | 08:53 PM
Me gusta mucho lo de la memoria històrica y estoy totalmente de acuerdo con vos, pero el ejemplo de Jesùs de Nazareth, perdoname, pero no cabe, son fenòmenos diferentes, y no creo sea un buen ejemplo de memoria històrica.
julio martinez
18 jul 2010 | 09:29 PM
Hola Emilio, que bueno q favoreces la memoria histórica. Ambos ejemplos son de controversia. El de Jesus porque confronta una visiòn meramente religiosa y lo pone a Jesus como el quiso poresentarse, como hombre. El de los judíos, porque mucha gente siente un resquemor contra ellos por los hechos de Palestina. El Padre Ponseele, sacerdote en Morazàn me pidió que le regalara el documento en digital después de escuchar la conferencia, ya que el pretende usar las ideas como parte de su trabajo de evangelizaciòn y defensa de los derechos, con personas no católicas. Pero, como digo... cada uno tiene su propia idea. Gracias por la fraternidad con que comentas tu desacuerdo.