Las dos autenticas fronteras de la hominización son los saltos mutacionales y la encefalización. Veo a los perros en la calle, jugando y reconociéndose a sí mismos, ladrándose por molestarse, tienen una conciencia de conocerse, de saberse “perros-amigos”, y les sucede como a los amigos humanos.

Se encuentran un fin de semana y bromean, juegan, se ultrajan, de mentiras. A puro ladrido. Ladrido puteada. Puteada ladrido. A veces me pregunto cómo me percibe y me concibe mi perro. Si lo hace de manera que es consciente de que yo soy quien soy, o si lo hace de manera inconsciente, y el no sabe que es un animal. ¿Sabrá él, que es un perro? ¿Y si fuera más consciente de sí mismo y me percibiera como lo que soy y en mi relación con el, comprendiese su papel y el mío, en nuestra relación? ¿Y si tuviese ética en su actuar? , ¿Etica? ¿Etica chuchesca? ¿Moral perruna, valores perrunos? ¿Axiología cánida?

Los humanos somos eso, humanos, porque contamos con una capacidad que otros animales no han logrado desarrollar, esto es la capacidad de cuestionarnos y cuestionar. De reflexionar, de analizar. Esto no es el resultado solamente de que nuestro caminar evolutivamente es más largo, sería una respuesta muy simple.

Demasiado simple y sobre todo, cuestionable. Es el resultado de una encefalización, a partir de la que se hace posible el cambio morfológico. Caminar erecto forma parte de una evolución por necesidad, pero también eso, incide en otros cambios culturales y morfológicos. El otro día, en la televisión miré a un perro que había perdido sus patas delanteras, de manera que no podía caminar cuadrúpedo.

El perro aprendió a caminar bípedo, erecto, solo con las patas traseras. ¿Le cambió eso su perspectiva de la vida? Seguramente algo cambió en su vida de animal, pero el solo hecho de andar erecto no incidió en su consciencia de perro. Eso, de nuevo, es la maravilla de la encefalización. Como dice Humprey, conciencia se tiene o no se tiene, no hay niveles. No es media conciencia, ni tres cuartos de conciencia. Hay o no hay.

Las transformaciones de forma, no importa que haya redundancia, dan efectos interesantes en los procesos de socialización y culturización. Nuestra capacidad de hablar, nos permite comunicarnos de forma bastante eficiente con otros. Igual podríamos comunicarnos en el estilo de los cerdos, o las hormigas o las aves.

La nuestra comunicación genera amplias posibilidades de socializar, de compartir experiencias y sentimientos, angustias y deseos. Un pollito no le puede decir a otro pollito “fijate que tengo un mal presentimiento…” por un lado, no puede hablar, y por el otro, no tiene presentimientos. Otros elementos como el uso de herramientas para efectuar o facilitar tareas, lo encontramos como efecto del cambio morfológico. Podemos tomar el tenedor, porque nuestros pulgares y resto de dos lo permiten, están adaptados para eso y mucho más. Eso me recuerda a los mapaches, que son capaces –por la forma de su mano- de utilizar herramientas para partir a los cangrejos que caza en los ríos.

La consciencia sobre la muerte y la religión, las ideas nuevas que explican de diversas formas las respuestas que se buscan, son resultado de ese proceso de encefalización. Pero, no solo hay esos cambios producidos de la tal forma. También hay cambios que se dan por procesos mutacionales, donde nuevas especies se forman a partir de especies anteriores.

En ese proceso se producen errores, la mutación es azarosa.