Por Julio Martínez

Hacía un año que los dos amigos se habían despedido, se sonríeron el uno al otro y se desearon que todo fuera bien. Uno afuera y el otro adentro. Desde entonces no se encontraban, y no era que hubiese una ausencia de estima o cariño, sencillamente las condiciones de ambos, tal y como se encontraba el pequeño país, no estaban para encontrarse,  robarse una hora de la noche, tomarse una fría cerveza y conversar sobre como iba la cuestión, que había cambiado y que se podía esperar. No, eso habría sido un privilegio.

Sin embargo, esa noche, 16 de agosto del 87, Rafael escuchó que timbraron a la puerta, encendió la pequeña luz de la puerta, y miró por la ventana para ver quien tocaba de manera tan insistente. Vió a un tipo de cabello rizado, alto y de nariz de aguila, con una camisa color beige.Rápidamente abrió la puerta se miraron, se tomaron de los hombros, se vieron a los ojos y se dieron un abrazo fuerte y fraterno.

- Puta cabrón, ¿que haces aquí?, no jodás!.

- jaja!! este cabrón, no te aculerés, regresé hoy, vine directo de la frontera, y sabía que te iba a hallar metido en tu casa.

- Cóntame maje, ¿como te fué?, que bueno que ya estás de regreso, nada ha cambiado, bueno, algo, pero muy poco. Ha habido varias acciones en la ciudad, y el pendejo que dejaron en tu lugar ni siquiera entiende de dispositivos de seguridad. Imaginate que tengo en la refri un rollo de C4, que lleva varios meses ahí, ya tuve dos cateos porque a saber que hiujueputa vecino me ha puesto el dedo,m por suerte no los han hallado. Y de seguro, el muy cerote ni siquiera debe acordarse que yo lo tengo.

- Puta..., dejame descansar un ratito, estoy cansado, no me des chambre. No he parado desde que salí de Managua, hoy en la mañana. Vine directo y mañana me recogerá un chavo, que me va a traslador a Camote. Voy a dormir aquí en tu casa

- Está bergon, no jodas, ¿ya conoce el guía que te lleva a Camote? sí conoce, esta bien.

- Sí, hombre, es un chavo que ya te ha dado seguridad a vos. Bueno, tenés cerveza o mandamos a traer?

- Hay un par, por ahí, demosle.

Los niños de Rafael salieron a saludar al "tío", y le abrazaron, desde luego que lo recordaban, tenían la memoria puesta en ese hombre con el que su padre salía muchas veces a hacer quien sabe qué. El hombre alto les besó con cariño, y comentó, que habían crecido un monton en ese año.

Rafael y Heriberto siguieron hablando, detras de cada trago, iban dos o tres palabras, ahí salió el cuento del viaje a Moscú, del entrenamiento en Cuba, y de las oficinas abiertas en Managua, donde se podía circular y respirar revolución. Managua estaba con sus calles solitarias por las noches, por el temor a las acciones de la contra, la oscuridad llegaba hasta cerca del teatro Darío, se ponían tenebrosas en la plaz del Palacio y muy cálidas en el malecón del Xolotlán. !Como hacían falta los quesos fritos!

Heriberto le dijo a Rafael, que necesitaba resolver el asunto de la hombría, que llevaba varios meses sin probar mujer y que quizá, eso lo tenía muy inquieto y nervioso.

- Hey, cabrón, ¿vamos a un puterío?

- No te aguantas cerote, vamos, que si no me vas a querer coger a mí, maje

- jajaja!!!! sos un pendejo, siempre con tus ocurrencias. ¿Donde vamos?

- Mira, yo no voy a esas mierdas, pero he visto un volado que le dicen "el seisa", alla por la Roosevelt, dejemos que termine de llover y nos vamos en la moto.

Así fué, dejó de llover al ratito, y se subieron en la moto, llegaron al lugar, un poco oscuro por fuera, muchos carros señal de muchos clientes. Tocaron el timbre y alguien miró por una rejilla, abrió la puerta y !Dios mío!, una chica en apenas un calzoncito negro, mas pequeño que lo que pretendía cubrir, era la portera.

- Pasen adelante guapos...

Entraron, primero Rafael y luego Heriberto. se dirigieron a la barra, y al nomás entrar dieron una mirada completa al lugar, los ojos de ambos cruzaron todo el salon sin que se les escapara detalle, a pesar de eso, parecían no fijarse en nada. Se percataron que no había policías o algo que se le pareciera. Quizá no.

Ruben Blades estaba de moda hasta en los burdeles

"Como a tres cuadras de aquella esquina una mujer
va recorriendo la acera entera por quinta vez
y en un zaguán entra y se da un trago para olvidar
que el día está flojo y que no hay clientes pa´ trabajar".

En eso, Rafael vió una cara conocida en una chica en una esquina, "puede ser..., puede ser....." pensó.

- Mira Heriberto, esa chica la conozco, sí.

- Puta, esta bonita esa putía.

- Sí, pero no.

Ella lo miró, lo reconoció y se dirigió a él.

- Rafa, que alegría!! ¿que haces aquí?

- Pues, viendo el partido de futbolito.

- No jodás, en serio.

- Aquí, con mi amigo, anda buscando entretenimiento... pero y vos? ¿que onda?, impensable hallarte aquí. Te veo y no lo creo.

- Esperate, quiero hablar con vos, ya le voy a conseguir una chava a tu amigo.

Así fué, le consiguió una amiga, para "resolver el problema de la hombría" entre ellos, y pidió dos cervezas que Rafa quiso pagar.

- No, yo invito, dijo ella.

Se sentaron y comenzaron a platicar de la epoca de infancia, de cuando eran niños, de su mamá, de la suya, del Instituto, de los otros amigos, y de cómo, a veces, la vida te da sorpresas. No, no se acostaron, solo se dieron un abrazo fuerte, de amigos de infancia.