Es jueves, son las 5 de la mañana y Julio llegó temprano, quiza hace diez minutos. Este mi hijo es un amor, un niño de 30 años, con mucho cariño por regalar. Igual es un cabron fregon, muchos dicen que sale a mí, pero me inclino a pensar que su construcción social ha sido de mucho cariño recibido, y que tiene una actitud ante la vida, con dejo. Eso nos pasa a lo que hemos estado cerca de la muerte, lo pienso y me lo creo.

Meto las maletas en el carro y salimos, aun con oscuridad hacia el aeropuerto, mis hijas se han despedido con cierta ternura de mí, en este viaje que no quiero hacer por varias razones, la principal es que tengo miles de cosas por hacer y me he vuelto responsable en exceso. Irresponsable conmigo.

Llego al aeropuerto, busco "COPA" y ahi esta la competencia de TACA, con menos gente. No llevo boleto, porque llevo el codigo de referencia que me parece suficiente. Todo bien, paso, entro al registro de Migración, me quito zapatos y meto en la maquina, pasamos todo por la máquina que busca alguna cosa riesgosa que lleve algun inocente como yo, y lo quiera subir al aviòn, con lo que podría atacar a todos y secuestrar o hacer caer el mismo. ¿Yo? nómbe. Por nada.

Como el sistema es eficiente, lo único que sucede es que el policía me mira con ojos de extraño cuando descubre que, en el interior de mis zapatos elegantes, van unos pies desnudos, sin calcetines, y que me he atravezado la maquina detectora, descalzo.

Llego a la sala de espera 9, or gate Nine, as she said, y me siento, sacó mi laptop, una vieja amiga ze500, muy fiel, abro pantalla, busco donde enchufar, en ese orden, veo los archivos, abro el que necesito y reviso -una vez mas, enésima, el texto, buscando algun error. Es un asunto de compulsión, resultado de algo que no he resuelto en mi vida, al menos esa ha sido la explicación pendeja que alguna vez he escuchado.

Estoy con los ojos clavados en el texto, y repentinamente oigo la palabra "política" a alguien que habla por telefono celular. "Si acabamos de llegar, miralo con la comisión política..." es una pareja de señores grandes, ella, a quien creo reconocer se ve marchita, mejor, un poco menos joven, y se sienta casi frente a mí. El, a quien conozco se ve gordo. Sí, son ellos, es Elizabeth (mirá que confianza) y Calderon Sol, o Armandito, ex presidente y nieto del general José Tomás Calderon quien comandó, por encargo del general Hernández Martínez, la matanza en Sonsonate en 1932.

Ella, Elizabeth Aguirre de Calderon, es familiar, sobrina o hija, del General Osmín Aguirre y Salinas, ex miembro del Directorio Cívico Militar en 1931 -el que derrocó a Araujo- y ex presidente de la República en 1944 y hasta marzo de 1945. Osmín era tío segundo de mi papá, primo hermano de mi abuela, y se saludaban con mi viejo, de cuando en cuando. Fue asesinado en la puerta de su casa por un comando FPL, en 1977, eso fue en la 15 calle, dos cuadras antes del mercado San Miguelito. La verdad, no era necesario asesinarle, estaba canceroso de la lengua y esperaba su muerte, pero seguro gente con mejor memoria que yo, pues tomó la decisión. Ya no hacía mala nadie, y nada nuevo se iba a resolver con ese asesinato, pero cada cabeza es un mundo.

Recuerdo a Elmer su hijoy amigo mío, llorando por la muerte de su padre. ¿Y cómo no? Si un tata es un tata, así sea el mismo diablo. ¿No?

En esas estoy, siguiendo con mi manos en el teclado y la mente en la historia. Levanto la mirada y ahí esta ella, con sus ojos encima de mí, la veo, ella sonríe, le devuelvo la sonrisa y entonces, en un gesto extraño noto que me levanta una ceja -cosa que yo no puedo hacer- vuelvo mis ojos al texto y mis manos al teclado.

Dejo en la gaveta de mis intenciones, el deseo que tuve de hacerle una corta entrevista a Calderón Sol, en torno al tema del Dialogo y Negociaciones, y acuerdos de Paz del 92, así como el asunto de los reinsertados. El asumió la Presidencia luego de Cristiani quien firmó la paz y seguro vio de cerca el asunto de la reinserción. Habría sido interesante para mi documento, aunque lo hubiera agregado ese mismo día.

Al rato, llaman al front desk de la puerta de embarque, dejo que sigan adelante, y me quedo al final de todos para ingresar con tranquilidad.

Hago un viaje de un par de horas hasta Panamá, bajamos ahí, por el trasbordo, espero una hora mas para subir de nuevo a otro avión, me siento cansado y duermo en el esto del viaje que no debió ser mas de dos horas. Bajamos en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, sigo hacia Migración, el oficial revisa mis papeles, y me va a entregar el pasaporte cuano repentinamente me dice: "venga conmigo un minuto", le digo, "como nó", con aparente tranquilidad.

De inmediato me sigue en la memoria un día en 1989, bajando en Tocumen, Panamá, que mi nombre aparecía en la lista de "no gratos" y me han detenido tres horas en uan sala de interrogación, hasta que se dieron cuenta que mi bajada ahí era porque el vuelo mío saldría hasta el día siguiente, y que esta vez, iba de paso.

No me dejaron salir del aeropuerto como Turista, y tuve que pasar el día y la noche durmiendo en el mismisimo Tocumen. Una mierda.

Bueno, siguiendo, hoy me llevaron donde otro oficial que chequeó mis papeles, con cara de inteligencia, miró la computadora, tecleo mi nombre dos veces, como buscando, y luego me dijo, Bienvenido a Colombia. "Muy amable señor".