¿Por qué resulta tan importante hablar de educación ahora que se cumplen los primeros 30 años del martirio de nuestro arzobispo Monseñor Romero, San Romero de América como es conocido?

 

Fundamentalmente por dos razones, la primera de ellas es que Monseñor puso especial atención a la educación, en particular tenía mucho apego por los niños y su formación y, tenía graves preocupaciones por los Colegios Católicos que eran fieles a la orientación de la Iglesia, quienes constantemente recibían llamados de atención y amenazas.

 

En segundo lugar, porque es seguro que Monseñor entendió el papel que juega la educación en la construcción de la cultura, la ideología, la democracia y la justicia; y por eso hizo varias referencias a la educación durante su corto pero impactante paso como Arzobispo salvadoreño.

 

¿Y cómo se puede hablar de justicia cuando hay niños y adolescentes que no pueden ingresar a un centro de estudios porque las condiciones no están provistas para ello?

 

El rol principal de la educación es la conformación de la manera como se deberá entender el mundo, como se relacionará con otras personas, como valorará los hechos de la realidad, como estructurará su participación, activa o pasivamente en la transformación del mundo.

 

1. Resolver el problema de la educación: exigencia al estado

Monseñor Romero conocía de cerca la realidad de la población, de la gente y entendía de sus necesidades, no tan distintas a las de ahora. Eso le llevaba, en su papel de abogado de la gente ante el estado, en su papel de hacer notar a los invisibles, en su rol de voz de los desfavorecidos, a pedir al gobierno para ellos, a veces de manera directa, sin dobleces.

 

No es solo el tema de la educación, mas bien es a la falta de todo que Monseñor pide todo. Así, el 15 de diciembre de 1977 hace una exigencia importante “es necesario cumplir servicios, prestaciones, para resolver los problemas de la salud, la educación, la vivienda y otros”[1]

Este pastor sabía que las necesidades espirituales atravesaban por la resolución de las necesidades materiales, y que además existe una clara responsabilidad estatal para distribuir el gasto nacional en aspectos que sean útiles a los que no pueden de otro modo enfrentar los problemas sociales, entre ellos, el problema de la falta de educación. Un país que quiera lograr su desarrollo debe apostar a una fuerte inversión en educación, y así logrará mejores resultados económicos. La relación entre educación y pobreza es clave.

 

 

2. El papel de los colegios católicos

De acuerdo a Monseñor, los colegios católicos no solo son instrumentos de la promoción de los programas educativos nacionales, a los que se deben ceñir.

 

Para él, estos colegios también cumplen una función religiosa, en enero del 78, Monseñor alude a esa función pero además, deja entrever la función ideológica de la Escuela, dice Romero que “el Colegio Católico es un medio de servicio de la misión de la Iglesia, (y también) es un medio para la formación integral del hombre en cuanto que es un centro donde se elabora y se transmite una concepción específica del mundo, del hombre y de la historia”[2]

 

Ahora bien, ¿quien transmite esta concepción especifica del mundo? De cualquier manera, es el estado y a quienes representa el poder. No solo es la concepción del mundo, sino también de la historia. El General Martínez expresaba bien que la historia esta escrita por los hombres, y a eso hay que agregar que no cualquier hombre, sino el grupo de los detentores de poder.

 

Romero hace suyas las palabras de Juan Pablo, cuando expresa que “Son palabras del Papa -diríamos- exigiendo a los Colegios Católicos no vivir unas tradiciones que lo aparten del Magisterio, no vivir unas acomodaciones para quedar bien con ciertas familias sino ser mensajeros de la verdad de la Iglesia para nuestro tiempo cambiante”.[3] Hay que reconocer el carácter de obediencia y fidelidad que Monseñor tuvo hacia el Papa y hacia la iglesia en general, y es que el papel de la Iglesia no es el de estar cómoda, el de estar a gusto, el de sentirse conforme.

 

La comodidad es compañera fiel de la acriticidad, de la conformidad, y el momento histórico de Monseñor no podía haber sido de conformidad ante la pobreza y la injusticia de aquel momento.

 

Su preocupación por los profesionales y por los que deben hacer algo para promover la equidad y la solidaridad le llevo a decir ese mismo día 15 de enero del 78, la frase siguiente: “no suframos ya esa vergüenza de que salen del colegio católico aquellos que aprendieron la fe pero en la vida no la traducen en obras y viven las injusticias, los pecados, los desórdenes de una sociedad corrupta”[4] Era esa una petición de consecuencia, de ser consecuentes, de vivir de acuerdo a lo que se dice.

 

Era mas bien una exigencia a quienes se han formado en un colegio católico, a actuar de acuerdo a la enseñanza de una iglesia que no fue, que no debe ser cómoda, ni conformista, mientras haya una sola persona que no come por falta de dinero, no se puede estar conforme.

 

3. Los niños y la escuela

Uno puede entender fácilmente el carácter de amigo de los niños que Monseñor, a pesar de estar en un marco de labor pastoral donde se relacionaba con riesgos vitales cada hora, cada día, siempre encontraba un espacio para hablar con los niños, muchas fotografías de las caminatas de Monseñor son posadas con niños, con adolescentes, con jóvenes.

 

Una imagen muy tierna es plasmada el 22 de enero del 78, cuando en la homilía él expresa lo mas importante de la semana, y dice: “el acontecimiento pintoresco de esta semana: los niños con sus cuadernos y libros caminando para la escuela. Han comenzado las clases. Esto nos lleva a vivir esta semana también en una reflexión de ese acontecimiento patrio. ¿Qué piensa la Iglesia ante este espectáculo bello de una niñez, de una juventud, de unas escuelas que se abren, de unos maestros y maestras que están esperando después de sus vacaciones a los niños que vuelven?”[5]

 

Las referencias que Monseñor hace no pueden estar llenas de mayor amor hacia los cipotes, y muestran también su intención no contemplativa ante el hecho educativo. “Que piensa la Iglesia…?”

Monseñor reluce de la alegría que siente al hablar del “bello espectáculo”.

 

En ese contexto del inicio de las clases, que ya sabemos la alegría que se siente tanto en los profesores como en los alumnos saber que hay un nuevo desafío para enfrentar en el año lectivo, en ese contexto, Monseñor dice lo que espera de los educadores, en contrario de quienes tratan de ubicar a Monseñor como un azuzador, izquierdista, guerrillero y hasta poseído –recordemos la noticia de “harán exorcismo a arzobispo”- Monseñor lanza su mandato a los profesores al comienzo de las clases:

“Formemos en el corazón del niño y del joven el ideal sublime de amar, de prepararse para servir, de darse a los demás.”[6] Amor por el otro y solidaridad como forma de darse a Dios.

 

Este es su mensaje, que ahora nos cae muy bien. Valores, proyección social y servicio.

 

Junto a ese mensaje vinculado a la parte más espiritual, sensible, axiológica, Monseñor también insiste en que la función de la escuela es como la de la iglesia, decir la verdad, y pide a los maestros “Que se capacite a los niños y a los jóvenes a analizar la realidad de su país. Que los prepare para ser agentes de transformaciones en vez de alienarlos con un amontonamiento de textos y de técnicas que lo hacen desconocer la realidad”[7].

 

Niños y jóvenes que analizan, que son personajes activos en el mundo de ahora, que comprenden su realidad, que como dice Freire, “dicen su palabra”, son seres conscientes de los hechos, de su entorno, de su país tal como es.

 

La escuela no debe ocultar la realidad, por el contrario dice Monseñor, la escuela –la universidad- debe formar para transformar, como dice nuestra visión institucional en la UTEC “Creando, desarrollando y difundiendo conocimientos de alto nivel ético, académico y profesional a fin de promover los cambios fundamentales que la sociedad necesita”. [8]

 

No se trata de leerse todos los libros posibles, sino de efectuar transformaciones que contribuyan a una vida en equidad, en justicia y en amor por el otro.

4. Cobertura educativa

“Ojala hubiera escuela para todos”[9]

Esta sola frase de cinco palabras de Monseñor refleja a la vez, una petición, una esperanza y una queja.

Es una frase con un alto contenido de valor para nuestros días, recién hemos tenido dificultades en la única universidad pública existente en El Salvador, y la razón principal se ha encontrado en las dificultades y limitaciones para el ingreso de los estudiantes, en una problemática que atraviesa por las necesidades de mayor presupuesto, de mejora en la administración financiera y académica y en una revisión completa del sistema educativo nacional.

 

Sí, ojala hubiera escuela para todos, así nuestra población tendría capacidades, conocimientos, facultades para enfrentarse a la vida, a las necesidades de nuestro país, con las armas del conocimiento, con la capacidad instalada para poder insertarse en la sociedad para recibir sus beneficios.

 

Escuela para todos, en todos los niveles. Monseñor sabía de lo necesario de la educación para la formación de seres humanos que puedan leer, que puedan discutir, que puedan analizar, que entiendan su historia, su país, que comprendan sus problemas, porque solo así podrían resolverse.

 

5. Contenido de la educación

Monseñor se introdujo muchísimo en las temáticas o contenidos de la educación y criticó fuertemente que no siempre la educación es correspondiente con las prioridades de los pueblos. Siempre en enero de 1978, expresó que “… tenemos que criticar que la educación, por lo general en América Latina, no corresponde a la necesidad de unos pueblos que buscan su desarrollo”[10]

 

Entre las razones que Monseñor tenía para su argumento estaba el hecho de que la “educación tiene un contenido abstracto, formalista, una didáctica más preocupada de transmitir conocimientos que de crear un espíritu crítico”.[11]

 

Para Monseñor, los contenidos tendrían que venir de la realidad, tal cual lo entendemos los que trabajamos en la educación, la preparación del estudiante debe estar focalizada en lo concreto de la vida, los diseños de los programas deben focalizarse en las situaciones a las que el estudiante se enfrentará.

 

Monseñor pone énfasis en los aspectos didácticos también, por extensión, digamos en los aspectos metodológicos. Lo dice expresamente, dejemos de transmitir conocimientos, digo yo, dejemos de procurar que el estudiante se aprenda fechas, que repita textualmente, que memorice conceptos, formulas y autores. Más importante es la posibilidad de que este sea capaz del análisis, de encontrar respuestas a los problemas, de proponer alternativas, soluciones… de transformar.

 

Para Monseñor, el contenido de la educación también está vinculado a la acción cristiana, lo dice en enero del 78, “No fomentemos una educación que en la mente del alumno cree una esperanza de llegar a ser rico, de tener poder, de dominar.”[12] No es que sea malo trabajar para tener dinero, pero Monseñor entiende que el modelo económico busca la acumulación, y que eso pasa necesariamente porque otros no tengan, Monseñor entiende que el dinero se convierte en un objetivo, y se basa muy probablemente en Lucas 16: no podemos servir a Dios y al dinero.

Es muy posible que el mismo carácter de humildad de Monseñor, creado a la luz del evangelio, formado por años de estudio y reflexión le motive a decir que no debemos hacer educación que promueva el poder, la dominación. Es, desde luego, la humildad de Monseñor.

 

Otro de los contenidos que considera importante de ser desarrollado, porque seguramente establece una relación afectiva, de vinculación fuerte de la persona con su territorio, es el tema identitario cultura, Monseñor dice, en julio de 1978, que la educación debe “…descubrir en su propia realidad las fuerzas del crecimiento, del desarrollo, de la identidad nacional, así como también los malos efectos de la dependencia de otras naciones”[13] La contraposición de los dos aspectos identidad y dependencia son fundamentales para eliminar la sumisión y buscar la autonomía, tanto a nivel de país, de colectividad, como a nivel individual.

 

Mucho antes de que la discusión sobre la educación sexual aparezca en los periódicos nacionales y sea un tema de abordaje desde la Iglesia de manera abierta con Monseñor Saénz Lacalle, Romero expresa en abril de 1979, que “en cuanto a la natalidad, una explosión demográfica tenida, no podrá encontrar solución mientras no haya una educación de la sexualidad, de las costumbres de nuestro pueblo”[14], en eso Romero se anticipó a su tiempo, estaba adelante del pensamiento mas conservador en torno a la sexualidad, es claro que los pensamientos de ambos pastores, tanto Romero como Saénz Lacalle son diferentes, hasta en este tema de la educación sexual.

 

Monseñor consideraba que en la escuela se encontraba el origen de la manera, de la estructura de la sociedad. El expresa en abril del 78, que “…la educación tiene que anticipar en la escuela, en el colegio, la figura -aunque sea pequeñita- de una sociedad como la quisiéramos en América: unos maestros, unos padres de familia, unos niños que formen una comunidad modelo de amor, de colaboración, de corrección mutua”.[15]

 

Se deja traslucir el pensamiento más interior del arzobispo, la necesidad de transformar, desde la educación a la sociedad, para transformarla de una que se encuentra en confrontación a una que se convierta en comunidad de amor, y por eso, su muerte duele.

 

Irónicamente, una de las frases más importantes en Monseñor, expresada en julio del 78, “tratemos de educarnos para la paz[16], ha caído en oídos sordos, y todavía buscamos hoy, encontrar un espacio para contar con la paz.

 

6. Las tecnologías y la educación

El tema de las tecnologías de información y comunicación ha sido, en la última década, un aspecto de mucho impulso, empujando a los docentes a utilizar cada vez mas, estas tecnologías. Anticipado a su momento, a su tiempo, Romero ya dice en el 78, analizando el papel de la radio y su potencial educativo, “¡Qué hermoso…..saber que en este momento yo soy el pobre maestro que estoy llevando el mensaje de la educación cristiana a todas esas comunidades! Donde sé que los parlantes sintonizados con esta radio, a veces puestos en los campanarios de las iglesias, están llevando este mensaje a la inmensa masa de cristianos de nuestra Arquidiócesis para decirles lo que Cristo quiere de cada uno de los cristianos”.[17]

 

Ahora, aun hoy, algunos de nosotros, docentes, todavía seguimos usando el yeso y la pizarra para enseñar, a pesar de que contamos con un avance tal en las comunicaciones, que da nervios pensar que habría hecho Romero con celulares, Internet, radios comunitarias, correos electrónicos, blogs, Twitter y Face Book.

 

7. El maestro
Algunas de las frases de Monseñor, dichas en la claridad y precisión de su palabra, dan fe exacta de su pensamiento, a veces en contra de voces que hoy día siguen usando la figura de Monseñor como un izquierdista vinculado a los métodos del movimiento guerrillero de la época.

 

En una de sus orientaciones a los profesores, el propio día del maestro, el 22 de junio de 1979, Monseñor dice “…sepan traducir en sus aulas escolares -sin traicionar su propio deber de súbditos de un gobierno, a su propia conciencia cristiana- que no se trata propiamente de dar catecismo en las escuelas: se trata de que el maestro, aun desarrollando el programa del Ministerio de Educación, sepa ser un testimonio vivo. ¡Su vida es la que interesa!”[18], un llamado, de nuevo a ser consecuentes.

Monseñor decía esto, porque sabía de las inconsistencias de maestros diciendo una palabra en el aula, y actuando de forma diferente.

 

Siempre que le correspondía orientar a los maestros, les motivaba para llenarles de su intención más profunda, así, en abril del 78, en un mensaje a los profesores les dice “…de Jesús, el Divino Maestro, aprendamos a no devolver mal por mal, a no responder a la violencia con más violencia, sino con amor y perdón”[19].

 

Se puede entender en estos mensajes, cuál era la textura de sus sentimientos, su palabra es precisa, pero a veces su voz, sus escritos se han sacado de contexto para hacerle ver con intereses diferentes.

 

8. Reforma educativa

En el año de 1978, se realizaron una serie de seminarios evaluativos de los resultados de la reforma educativa impulsada por el estado a finales de la década de los sesentas y que introdujo al país la televisión educativa para el tercer ciclo.

 

Más allá de la modalidad de la educación, Romero iba al punto que mas importaba, el contenido, y expresa, analizando los dichos seminarios evaluativos, que “… hay que estar alerta con las transformaciones educativas, cuando esas transformaciones en vez de formar criterios autónomos, individuos artífices de su propio destino, protagonistas de la historia de su Patria, solamente quiere seguir formando masa, instrumentalizando juventudes, profesiones, para mantener situaciones injustas”[20].

 

El contexto de los años 70´s es un contexto que motivaba a un hombre justo, como Monseñor, a expresar sus orientaciones hacia la educación, ¿por qué… que otra es la educación sino la conformación de seres humanos que adquieren criterio propio para definir su destino individual y social? Romero los llama “protagonistas de la historia de su patria”.

 

Hoy estamos también en procesos de reforma educativa, y quizá haya que escuchar otra vez a Monseñor. “…una verdadera reforma educativa tiene que buscar, ante todo, esto que la Iglesia viene señalando hace tiempo: la formación de criterios auténticamente libres, cristianos para que los hombres y las mujeres sepan ser artífices del propio destino de su patria”.[21]

 

La educación, debe generar esa libertad.



[1] 15 de diciembre de 1977

[2] 15 de enero de 1978

[3] 15 de enero de 1978

[4] 15 de enero de 1978,

[5] 22 de enero de 1978

[6] 22 de enero de 1978

[7] 30 de abril de 1978

[8] 23 de julio de 1978

[9] 22 de enero de 1978

[10] 22 de enero de 1978

[11] 22 de enero de 1978

[12] 22 de enero de 1978

[13] 23 de julio de 1978

[14] 1 de abril de 1979

[15] 30 de abril de 1978

[16] 23 de julio de 1978

[17] 30 de abril de 1978

[18] 29 de enero de 1978

[19] 22 de junio de 1979

[20] 23 de abril de 1978

[21] 23 de abril de 1978