El día jueves 4 de febrero de 2010, a las 5 de la tarde, casi en punto, tuvimos en la UTEC, la dicha de contar con la presencia del Lic. Mario Salaverría, ex Ministro de Agricultura y del Lic. Carlos Cañas Dinarte, investigador de la historia salvadoreña y a quien debo muchos datos del desarrollo del país en diversos ámbitos.

El Lic. Salaverría presentó su conferencia titulada Desarrollo de la Economía Agraria Salvadoreña, ofreciendonos una perspectiva muy propia acerca de la dinamica evolutiva de nuestro agro, el desarrollo de los varios rubros productivos y las contribuciones de lo agrícola y ganadero hacia el Producto Interno Bruto.

La exposicion del ex Ministro estuvo cargada de comentarios en torno a las dificultades de la situacion bélica nacional, algunos errores de gobiernos previos al de Antonio Saca, que privilegiaron las acciones de generacion de empleo vinculadas hacia los sectores urbanos, las maquilas y hacia los aspectos mas comerciales,  y olvidaron el trabajo agropecuario.

Creo que la frase que más me impactó fue el costo de generar un empleo en el campo, entre $1,000 y $1,500 comparado con el costo de la generación de un puesto formal en lo urbano, que ronda los $5,000. La situación de los campesinos, en mi juicio, es deprimente por varias razones:

- La escasa formación técnica que han recibido para producir más y mejor.

- La ausencia de créditos ágiles y suficientes, con tasas preferenciales, sin tanto requisito para que los agricultores sean capaces de producir de manera eficiente.

- Una cultura de desgano que va poco a poco, apropiándose de su mente, de su quehacer, de su actitud laboral. Esta cultura es influenciada por los factores señalados arriba y por la facilidad de obtención de fondos "remesados" para su propio flujo de caja dómestico.

Después de la presentación del ex Ministro, tocó el turno a Carlos Cañas.

Hizo un introducción magistral al tema hablando de la anatomía de la lengua, y las funciones de cada una de sus partes. Puso énfasis en que la punta de la lengua sirve para probar los sabores dulces, entre los cuáles se encuentra la miel y la dulzura del azúcar. Buenísima introducción ya que eso captó la atención mía y del auditorio. Voy a emplear esa técnica en mis clases, y pienso que cada día aprendemos algo nuevo. Ya tuve mi aprendizaje ese día.

Carlos nos contó sobre el origen polinésico de la caña - uno de cuyos productos agroprocesados es el "rhum"- y la manera como se dispersó migrando por todo el mundo, sabedores los cultivadores de la preciosura de la caña y de su miel, generadora de grandes cantidades de calorías.

La caña llega a América de la mano de los conquistadores que recién salían de la ocupación árabe que introdujeron el zukkar a las Iberias.

La conferencia del historiador nos llevó en la imaginación por los primeros cultivos de caña en nuestra región, las construcciones de ingenios y el avance de la tecnología de fabricación del azúcar.

Recuerdo con claridad mi primer encuentro con un trapiche, alla en Ishtagua en la casa de la Lidia, con sus hijos Dago y Rogelio. Debo haber tenido unos cinco o seis años- uhhhhhh, el tren- cuando por primera vez ví esos dos grandes cilindros que daban vuelta en la misma medida que los bueyes "con sus ojos tristes" les rondaban.

Ahi vi por la primera vez como la caña tiene jugo que puede ser bebido de una vez, recien ordeñado de la chiche de la caña. Y ahí, también observé como se calienta el jugo para hacer hervir, condensarlo y producir en unos moldes de madera, el dulce de panela, ayyyy que rico, quiero dulce de panela para ednulzar mi cafecito.

Carlos elaboró el libro "Eran mares los cañales: La caña de azúcar en El Salvador" por encargo de la Asociación Azucarera de El Salvador, el libro con empastado de lujo fue producido en la China, con una impresión bellísima y unas fotografías que valen oro. La narracion de Carlos es muy amena y cargada de información curiosa pertinente a la caña de azúcar en el país, desde su introducción por los españoles, comentando sobre los grandes cultivadores de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX, y llegando hasta nuestros días. Este libro es un dulce tesoro. Recomendado.