Si el dulce pajarito por entre el hueco asoma

para beber rocío, para beber aroma

el árbol de la sierra me da la sensación

de que se le ha salido cantando el corazón

Nadie puede negar que haya musicalidad en el trozo del poema, que se encuentra uno con la lírica sencilla, digerible, descomplicada y si uno se pone cabrón, hasta descomprometida. Pero es que hay poeta para todo: para la risa, para la tristeza, para el amor, para la revolución, hasta para la contrarevolución.

Así que Alfredo Espino, nacido en Ahuachapán al mismo tiempo que mi abuela, amigos de la infancia y hasta la adolescencia, desarrolló una capacidad innegable de hacer poesía, hacer rima de las cosas simples, de la campiña salvadoreña.

Poemas que pueden ser recitados de manera bonita y cadenciosa por cualquier cipote o cipota. Poemas triste como los ojos de los bueyes o paisajistas como cañal en flor. Esta primera  foto no es de Espino, es de Harold Lloyd.

Harold Lloyd, actor del cine mudo estadounidense, nacio en 1888 en Nebraska en un pequeño "county" llamado Burchard.

Humilde y talentoso para la actuacion desde muy chico, probablemente una afición derivada de su madre. Su apodo de pequeño era Speedy, lo que evoca indefectiblemente hacia el ratoncito Gonzales, el famoso Speedy Gonzalez. Agil, rápido, inquieto, vivaracho.

Su familia era inestable y cambiaban de lugar en lugar de cuando en cuando. Trabajó de acomodador en el teatro desde los doce años, se relacionó con la actuación, se avispaba con los nuevos caminos del cinematografo. Por suerte para él, mala suerte para su padre, éste fue indemnizado por accidente de trabajo y les permitió contar con dinero suficiente para hacer el mejor de los oficios, no hacer nada... y dedicarse a estudiar actuación.

Hasta 1914, Espino estudió en el Liceo Santaneco, y para 1915, la familia acomodada de los Espino se vienen a vivir a la gran urbe cosmopolita, libertaria y moderna que era San Salvador. Ocupan una de las casas del lado norte frente a Infantería -mercado ex cuartel-. Sigue estudiando en San Salvador.

Unos cinco años después, mi abuela Sylvia, la Tía Gilda y la Tía Amalia -los Salinas y los Rivera- vivían en el fabuloso barrio de influencia intelectual de la época, el connotado Zanjón Zurita o Barrio Zurita -hoy chupadero, centro de billares y burdeles, cantinas y distribución de crack-; a tres cuadras de donde Alfredito, ya de 20 años y recién ingresado a la UES, ubicada al lado poniente de la Iglesia Catedral.

Ya tenía el don artístico: música, pintura, poesía, declamación y hasta cuenta chistes, con una memoria prodigiosa para los poemas. No es extraño, la formación de inicios del X X en San Salvador privilegiaba el asunto.

Mi abuela, casi a los 80 años recitaba cualquier cosa, me encantaba Nocturno a Rosario, de Silva; escribía poemas y me contaba historias que mas de una vez he repetido -incluso hoy-, en los colegios, especialmente en el Fuentes se enseñaba francés como segunda lengua y la construcción de casas y edificios eran de estilo francés, contamos con varios legados de eso, uno de ellos, famoso, el Teatro Nacional.

Espino era bohemio, ahora les dicen borrachitos. Espino era amigo de Salarrue, Quino Caso, Lilian Serpas, las Salinas (mi abuela y tías), Los Olano y Julio Enrique Avila (el pulgarcito).

Harol Lloyd había logrado, para los años 20´s una increíble carrera siempre ascendiente en el género de la comicidad, con películas que tenían mucha acción, venía de trabajar en Teatro, tenía treinta y dos años y era un icono del cine comico, junto con Los Marx Brothers o los Hermanos Marx, Chaplin, Keaton. Se manejó muy bien en sus relaciones, creó muchas películas, generó fama, y aun en los años 50´s estaba trabajando en la industria del cine.

Espino, ya había comenzado a vestirse con gafas redondas, de traje completo y no falta quien diga que usaba sombrero en un afán de parecerse cada vez más a Lloyd.

Hipoteticamente, Alfredito, iba al Teatro Colón frente al Parque Bolívar, pasaba por Teatro Nacional y se sentaba en el parque Morazán con sus amigos, se iba a chupar y agarraba zumba de tres días. Espino muere en la casa frente al ex mercado cuartel el 24 de mayo de 1928, Durante una zumba, se suicidó ya sea con pastillas o ahorcándose. Lo pienso sentado frente a la Iglesia San José y quizá caminaba desde ahí hasta el Club Internacional a enzaguanarse uno que otro coctelito.

Lo cierto es que la Iglesia en su actitud doblemoralista, en aquel momento , no dedicaba servicios fúnebres a los suicidas. Hoy, hasta para los corruptos y asesinos de defensores del pueblo hay acto religioso.

Harold Lloyd, el hombre de Hollywood que inluenció a Alfredo Espino.