En los últimos tres años, y quizá más tiempo, ha existido una preocupación entre quienes trabajamos en educación. Nos damos cuenta que los estudiantes que ingresan a las universidades llegan con serias deficiencias en torno a conocimientos básicos en cualesquiera de las asignaturas. Es seguro que eso sucede en unas más que en otras, y en medidas diferentes. Hay un pequeño, pequeñísimo porcentaje de estudiantes que son más o menos “normales”, quizá sea mejor decir “tal como esperados”.
Las deficiencias estudiantes son obvias en aspectos como la caligrafía, la ortografía, la gramática y la redacción en general. Una leve profundización evaluativa sobre los perfiles de ingreso reales llevan a entender que sus habilidades cognitivas –formas de aprehender y retener información, maneras de interiorizar los contenidos aprehendidos y ponerlos en practica en la vida, formas de procesamiento, elaboración y retroalimentación de los dichos contenidos- son mucho más limitadas de lo que se pudiera imaginar. Atribuimos de manera muy simplista, estos resultados a la incidencia de la globalización cultural cuyos efectos perniciosos maximizamos, al mal uso del ocio dedicado a la navegación en la red mundial de información en sitios que no aportan al ser, a la susceptibilidad por falta de criterio, al atontamiento que en general producen los medios masivos de comunicación como la televisión presentando programas tales como Laura en América, ¿Quien tiene la Razón? y Casos de Familia. Vamos a incluir los nacionales como Duro Blandito y Domingo para Todos, para no pecar de “malinchismo”.
Algunas de estas discusiones sostenidas entre interesados en entender el fenómeno, nos han hecho “caer en la cuenta” de que los programas de educación en la universidad no son correspondientes con los perfiles de salida de los estudiantes del bachillerato. Hago un alto para enfatizar mi referencia a las universidades en general. Encuentro estudiantes con pésima base formativa en todos lados.
De nuevo, deseo enfatizar que la comprensión del asunto lleva a colegir que “los programas de educación en la universidad no corresponde al perfil de salida del bachillerato”. No es que no corresponda con los contenidos del bachillerato, con la currícula del bachillerato, sino, exactamente con el perfil de salida. Una primera conclusión es que los estudiantes que se gradúan de bachilleres no logran obtener los resultados esperados en función de los objetivos propuestos en ese nivel educativo. Y una segunda conclusión es que los procesos educativos –el modelo y el sistema- no funcionan de tal manera que sean capaces de lograr sus objetivos. Por eso en la universidad estamos siempre pensando qué hacer con la mala calidad d
el producto que recibimos, como podemos trabajarlo de manera más fina y detallada, de tal forma que obtengamos el resultado que queremos. Y eso requiere de tiempo y recursos disponibles.
La inferencia sobre los perfiles de los estudiantes era algo que ya considerábamos para el desarrollo de un proceso de investigación que pusiera en blanco y negro los datos, la información; y que nos permitiera efectuar una mayor profundización en el análisis. Ahora lo tenemos más claro, con la información que ya ha aparecido en cuanto a la PAES 2009. Antes es adecuado que revisemos los resultados de las PAES anteriores: Año 2005: 5.04; año 2006: 5.52; año: 2007: 5.92; año 2008: 6.17; año 2009: Sobre estos resultados pueden sacarse solamente dos conclusiones:
La primera es que la llegada de la izquierda al poder ha dado como resultado una fuerte reducción en las capacidades de comprensión de los estudiantes de bachillerato, probablemente debido al trauma causado por el nuevo gobierno. Ilógico.
La segunda, es que hemos sido engañados en torno a los resultados de la PAES con fines de presentar un sistema educativo eficiente que ha sido capaz de ofrecer estos datos a la cooperación internacional de manera inmoral, para obtener los beneficios de las contribuciones económicas externas.
Las dos posibilidades son excluyentes entre sí. O sea, debemos quedarnos con una de las dos, y la primera es irracional. Nos quedamos con la segunda, al menos como hipótesis de trabajo para una futura investigación en serio.
¿Cómo pudimos ser engañados con información sobre la educación nacional?
Habrá que entender exactamente el propósito del engaño, y comprender si en efecto fue o no engaño. En cuanto al propósito, pues, hay una hipótesis que tendrá un posterior uso como punto de partida para una investigación.
La gestión del procesamiento de los datos y su análisis posterior recae en uno de los centros educativos de mayor prestigio en El Salvador. Ayer se ha explicado en la televisión el uso de “curvas” para poder establecer los resultados de la PAES en los años anteriores. Estas curvas se basan en resultados promedios y desviaciones típicas de los resultados evaluativos de grupos de estudiantes y “apalancan” la subida de estudiantes deficitarios.
Esto tiene un efecto importante en el dato promedio final, en apariencia es una acción “normal” para obtener datos evaluativos de pruebas de este tipo. Pero, es claro que no presenta la realidad, que no refleja objetivamente el resultado.
Éticamente, no es correcto trabajar con mecanismos que distorsionan la realidad objetiva. En parte, hemos recibido información distorsionada debido a quien ha trabajado en el procesamiento y gestión de los datos.
Más engañados hemos sido por quienes ordenaron que los datos se trabajaran de esta u otra manera. ¿Para qué? Merece una indagación más meticulosa, detenida, analítica que permita análisis más complejos.
El hecho es que ahora sabemos con bastante precisión lo que ya intuíamos:
El estudiante de bachillerato no está preparado para asistir a la universidad. Sus capacidades son apenas la mitad de lo esperado.
Las implicaciones a nivel del bachillerato atraviesan por la re adecuación del programa educativo, en términos del modelo y el sistema de educación. ¿Cómo podemos actuar en la enseñanza aprendizaje para lograr que el estudiante sea capaz de obtener el más alto resultado en conocimiento, actitudes y habilidades? No esperamos que la implicación sea una reducción en la exigencia del contenido de aprendizaje, eso si bien puede dar un resultado más elevado en la PAES del próximo año, también incrementará la brecha entre el perfil de salida del bachillerato y el perfil de entrada esperado en la universidad.
Para nosotros en las universidades, esto presenta más desafíos, ahora con mayor certeza del problema. ¿Cómo podemos actuar en la universidad para enfrentarnos con estudiantes deficitarios que deben trabajar con temáticas, contenidos que no comprenderán?
Pensando en algunas medidas se ocurren las siguientes:
- Pruebas de ingreso, para entender sus falencias y crear programas propedéuticos adecuados, consistentes y coherentes con las debilidades. Estas pruebas de ingreso no deben ser para incluir o excluir, sino para entender.
- Metodologías más efectivas
- Mayor exigencia educativa por parte del docente
- Utilización del ocio estudiantil con fines educativos
- Cursos especiales en interciclo, que cubran parte de la brecha del bachillerato. Por ejemplo, los interciclos de los primeros dos años deben ser obligatorios y con sentido de complementar la formación del bachillerato.
Desde luego, estas medidas deben ser evaluadas, ajustadas, quizá hasta re pensadas en función de su pertinencia. Quiero destacar que algo hay que hacer y que no podemos solo seguir en una discusión permanente.
[1]Boletin de resultados de la PAES 2006, MINED EL Salvador, pag 21.
[2] idem
[3] Boletín de resultados de la PAES 2007, MINED El Salvador, pg. 22.
[4] Portal web del MINED: http://www.mined.gob.sv/sistemas/noticias/vnoticias.asp?opcion=2&id=991, consultado el 12 de noviembre de 2009

Escribe un comentario