La Boca, de Miguel Hernandez
el 24 oct En: cultura - sin comentarios
Enesima vez, Miguel Hernández, sorprendente, iluminante, destellante, asombroso, fulgurante. ¿Cómo se puede morir tan joven y perdurar la eternidad?
Es seguro que este hijo de campesinos de Alicante, exactamente de Orihuela, pastor de cabras en su infancia,criado entre pétalos y ríos, debe haber aprendido a hablar con ellas. Debe haberse enamorado de la luna, quizá fue sorprendido por los ritos de la naturaleza, la llegada de la primavera, el amor en el otoño, la risa franca del campesino.
Miguel Hernandez es antinatural, es fuera de este mundo, es trascendente... es Miguel Hernandez, el esañol que comenzó a escribir a los 20 años, muerto apenas a los 32 años, revolucionario en favor de la Republica en España. Aqui, la boca, uno de sus tantos y tantos bellisimos poemas.
LA BOCA
Boca que arrastra mi boca:
boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.
Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco. 
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.
Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos fúlgidos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.
Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astro que tiene tu boca
enmudecido y cerrado
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.
Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.
¡Cuánta boca enterrada,
sin boca, desenterramos!
Beso en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.
Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.
He de volverte a besar,
he de volver, hundo, caigo,
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.
Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
vida, muerte, amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.


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