Salarrué: Mi respuesta a los patriotas
el 25 sep En: cultura historia - sin comentarios
Es enero de 1932, hace poco más de un mes, Maximiliano H. Martínez ha usurpado con engaños y componendas, el poder político presidencial de El Salvador, arrebatando al Ing. Arturo Araujo la silla presidencial. No es la primera vez que eso sucede ni que sucedería en El Salvador. Los militares entendieron eso a partir de ese momento, supieron que ellos podrían ser los gobernantes de El Salvador. Por democracia o por fuerza.
Apenas dos días han pasado desde la captura del más exacerbado de los revolucionarios, Farabundo Martí, y solo faltan 10 días para su asesinato a manos de la dictadura de Hernandez Martínez.
Solo falta un día para que en Ahuachapan y Sonsonate los machetes se eleven al aire, las calles se llenen de gritos ensordecedores y muchas muertes -algunas inocentes-se produzcan. Solo un día se ponía en el camino entre la vigencia de los indigenas y su eventual etnocidio.
Entonces, Salarrué, que ya ha vivido el 2 de diciembre de 1931, que ya ha sufrido las elecciones municipales del 3 de enero del 32, que ya sabe de la captura de MArtí, Luna y Zapata, y que es reclamado por sus amigos para que diga algo, decide escribir "mi respuesta a los patriotas", de las cuales extraigo este trozo que me parece fenomenal -podemos discordar, no pasa nada-:
"Yo no tengo patria , yo no se que es patria : ¿A qué llamáis patria vosotros los hombres entendidos por prácticos? Se que entendéis por patria un conjunto de leyes, una maquinaria de administración, un parche en un mapa de colores chillones.
Vosotros los prácticos llamáis a eso patria. Yo el iluso no tengo patria, no tengo patria pero tengo terruño (de tierra, cosa palpable). No tengo El Salvador (catorce secciones en un trozo de papel satinado); tengo Cuscatlán, una región del mundo y no una nación (cosa vaga). Yo amo a Cuscatlán. Mientras vosotros habláis de la Constitución, yo canto a la tierra y a la raza: La tierra que se esponja y fructifica, la raza de soñadores creadores que sin discutir labran el suelo, modelan la tinaja, tejen el perraje y abren el camino. Raza de artistas como yo, artista quiere decir hacedor, creador, modelador de formas (cosa práctica) y también comprendedor.
La mayor parte de vosotros se dedica en su patriotismo a pelearse por si tienen o no derecho, por si es o no constitucional, por si será fulano o zutano, por si conviene un ismo u otro a la prosperidad de la nación. La prosperidad es para vosotros el tenerlo todo, menos la tierra en su sentido maternal. 
Capitalistas embrutecidos, perezosos y bribones muestran sus caras abotagadas y crueles a no menos crueles comunistas pedigüeños, sórdidos y rapaces. Mientras estos dos bandos en todos sus grados de intensidad se gruñen unos a otros, nosotros los soñadores no pedimos nada porque todo lo tenemos.
Ellos se arrebatan las cáscaras y nos dejan la pulpa : - El pan es mío, todo mío, dejadme vender el pan», gritan unos;«no» dicen otros :« tenemos hambre y el pan es nuestro, porque la tierra es nuestra»... Mientras nosotros los soñadores, sin que nadie se oponga, hacemos crecer la espiga embelleciendo el paisaje, gozamos la música del maizal que sonríe con la brisa, recogemos cantando la mazorca y dejamos el comerla a tarascadas a los puercos.
El cafetalero es un pedante que habla del mercado, de la baja, del alza, cuenta pisto agachado sobre las mesas, husmea costales y no ha estado nunca tirado al fondo de un cafetal, en el misterio de las noches de luna ; no nota la belleza del grano sangriento cuando resbala entre los dedos de las cortadoras cantarinas, no conoce el aroma y la leyenda de la flor del cafeto.
El azucarero no ha oído nunca el susurro consolador de los cañaverales, ni ha visto meterse al chipuste en marejadas armoniosas. Todos ellos gritan alrededor de una sola cosa: el dinero."
En efecto, nosotros los soñadores no pedimos nada, porque todo lo tenemos, la alegría de la familia, la sonrisa y abrazo de los amigos, el cariño del hermano, una cama y una mesa... todo lo tenemos. Hay algunos, como dice Sabina, que son tan pobres, que no tienen más que dinero.


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