Manual de bolsillo para docentes nuevos.

 

Brevísima introducción

Este manual que estamos presentando tiene la ventaja de contar con fuentes de información primaria, profesores de centros educativos de educación media y superior que han sido observados y con quienes he comentado sobre la manera de desarrollar procesos educativos de forma exitosa, desde su perspectiva, aunque a mi me parezcan tremendas burradas.

 

De más está decir que el manual está aun incompleto y que faltan todavía por escribir muchos de los mecanismos y comportamientos que a usted, compañero profesor que se inicia en estas lides, le servirán para poder apantallar con mejor calidad.

 

La docencia, como usted bien sabe, es uno de los pocos espacios donde usted, siendo un profesional de bajo o mediano nivel, tendrá a un público a su disposición, podrá hablar de lo que desee, y su público será fiel, siempre estará ahí para usted. Con ellos podrá usted desarrollar la capacidad de utilizar el poder para sus propios beneficios egocéntricos.

Siga al pie de la letra estas diez recomendaciones de bolsillo, y entenderá que no hay nada mejor que ser profesor, en especial cuando uno no tiene ninguna otra oportunidad en la vida. Ay!! es que debieran someterlos a duras pruebas antes de aprobarles su inicio en la docencia!!

 

1. Haga ostentación: El primer día de clases preséntese usted mismo y mencione los dos o tres títulos suyos, haciendo alarde que ha sido el mejor de su promoción que nadie sabe más que usted y que además, el diez en su clase, solo es suyo, todos los estudiantes suyos apenas podrán llegar a nueve de calificación. Le prometo que con eso se ganará bendiciones de los alumnos. Además le tendrán mucho miedo y hablaran en voz baja sobre sus métodos, pero… ¿A quien le importa si lo respetan o no? El miedo tiene un cierto parecido al respeto. Se me olvida: indíqueles que para pasar la asignatura que usted sirve deberán estudiar como en ninguna otra, inyécteles miedo, dígales que su materia es colador, y que usted está ahí porque es el más difícil de los docentes. Coménteles que si no pasan su materia, el otro ciclo, usted estará ahí para recibirles de nuevo.

2. Adopte pose de intelectual: Lleve, siempre, siempre, a su clase quince o veinte libros, póngalos sobre la mesa, y aunque no los haya leído, haga que si los conoce todos, de pe a pa, haga referencias a algunos capítulos, de verdad o de mentira. Al final, no les preste esos libros a ninguno, no vaya a ser que saquen copias, los lean y sepan más que usted. ¿Cómo va a ser eso?

 

3. Vulgarice: Cuente, de vez en cuando un chiste de Pepito, o algo más vulgar si es posible, mucho mejor si el tal chiste no tiene nada que ver con el contenido de la clase, ya usted observará como los estudiantes se ríen, se carcajean, y se relajan, aunque no aprendan nada, usted tendrá un publico con quien congraciarse. Pida, alguna vez, a algún estudiante que cuente un chistecito, así logrará la participación en clase.

 

4. Dicte, dicte: Si los estudiantes son de esos que se aburren rápido con su clase, que les da ganas de conversar entre ellos y no seguirle la pista a usted, la culpa no es suya, sino de ellos que no quieren aprender. Emplee un mecanismo de lo más efectivo: haga dictados. Ya verá usted como, rápidamente hacen silencio y se ponen a escribir. Un consejo adicional en esta línea, adviértales que del dictado que usted haga, podrá elaborar dos o tres preguntas del examen próximo. Ya me contará.

 

5. Humille: Cada vez que pueda corrija en clase a cualquiera que no entienda, dígale que es tonto si no sabe la respuesta, obligue a que se humille ante los demás, no sabe cuanto temor le tendrán y buscarán aprender para que usted no les humille, haga suyo el refrán, la letra con sangre entra.

 

6. Improvise: No prepare sus clases, ni haga intento de leer referencias sobre el tema del día, ¿para qué? Con lo que le pagan, apenas alcanza para comprar la gasolina, y eso cuando mucho. Es preferible que cuando llegue a la clase demuestre a sus estudiantes cuanto usted sabe del tema. Pregunte: ¿en que tema estamos? Y entonces comience su improvisación, al fin de cuentas los estudiantes no saben nada, y se tragaran con gusto cualquier cosa que usted les cuente.

 

7. Despersonalícese: Los estudiantes son personas que van a aprender lo que se les enseñe, su relación con ellos es dentro del aula y nada más, usted no tiene porque entender los problemas económicos, familiares o sentimentales de cada uno. Ese es problema de ellos, como se dice, cada cosa en su lugar.

 

8. Acostumbre a los estudiantes a que lo llamen por su título: Sólo usted sabe cuanto le ha costado obtener el título de Licenciado, Maestro o Doctor. Acostumbre a los estudiantes a llamarle por su título, nada se siente mejor que lo llamen a uno por los logros: “Licenciado”, “Doctor”. Si alguno osa llamarlo por su nombre o un título de menor valía que el suyo, enfrente de todos si es posible hágale la corrección. “Doctor por favor…”

 

9. Invente: Cuando alguien formule alguna pregunta para la que usted no tiene respuesta inmediata, invéntese una respuesta, dígala de manera rimbombante de tal forma que se sientan sorprendidos por la seguridad con la que usted habla.

 

10. Evalúe de acuerdo a su discreción: Elabore exámenes que los estudiantes no pedan responder, ni piense en los objetivos de las sesiones de clase, sino solo en si acaso podrán responder o no. Decida por una formulación ambigua de sus preguntas, y deje que se equivoquen. Al momento de entregar sus notas no les diga donde estuvo su error, aproveche para continuar humillándoles, en especial a los que salieron mal. Los que obtuvieron buenas notas, debió ser producto de la casualidad.

De más está decir que este manualito ha sido elaborado a la carrera, como deben hacerse las cosas, y que está incompleto, desde luego.