El 12 de marzo se cumplieron 31 años del asesinato del Padre Jesuita Rutilio Grande. Grande porque su voz y su vocación de servicio, de entrega, de cariño y de acompañamiento a los pequeños era grande.

Grande porque hasta en su muerte tuvo el poder de cambiar las cosas, motivando a Monseñor Romero a una reflexión que cambió su percepcion de la vida, de la realidad, del poder y de la gente.

El Padre Tilo se metió en líos desde que tomó la opción de regresar a servir a su natal El Paisnal. ¿Y cómo se puede ser hijo de un pedazo de tierra sin desear servirle para lo mejor?
El día de la muerte del Padre Tilo, quiza no era exactamente a él a quien buscaban, sino a Daniel, a Rafael y a Marcelino, pero fué el quien sufrió el asesinato.

Hoy decía a una de mis hijas, que Dios nunca nos da sufrimientos que no podamos soportar.
Con el Padre Tilo, creo que pasó lo mismo, el sabía que en algun momento lo iban a matar, y estaba, como Jesús, dispuesto a ese dolor, a ese martirio.

La muerte física de Rutilio Grande, dió al mundo al mas grande los profetas de la era moderna, dio al Padre Romero, a Monseñor, a San Romero.
Solo hacía 3 meses que Monseñor había tomado posesión de su cargo. Romero quería al padre Tilo, habían estudiado juntos en el Seminario de San José de la Montaña. Monseñor, Claretiano; el Padre Tilo, Jesuita.
Cristo les acercaba, Cristo y su pasión por la humildad y el servicio, Cristo y su destino martiriológico.

El miercoles pasado, me cuentan que hubo un acto conmemorativo muy bonito en El Paisnal, donde estuvo el Padre Tojeira, el mismo padre Daniel, y otros. Se le recordó con cariño, con amor, con devoción como se recuerda a un Grande.