El rescate de los valores culturales y de nuestras costumbres ancestrales es una labor incuestionablemente buena. Desde cualquier ángulo, es incuestionable la bondad que tiene el desarrollo de esfuerzos tendientes a la conservación o recuperación de aspectos de nuestra cultura que van formando parte de nuestra identidad, nacional o étnica.

Este año dos mil siete, en las celebradas fiestas de agosto de la ciudad capital de mi país, El Salvador, la municipalidad ejecutó varios y diversos actos destinados al festejo, a la celebración, al ocio, al entretenimiento. Es que no solo de pan vive el hombre, palabra de Dios. También del vacilón, la jodarria, el festín y la celebración. Palabra de julio.

En San Salvador se celebran las fiestas al Divino Salvador del Mundo, patrono de la capital. Nuestra capital se llamó inicialmente la Villa del Santísimo Salvador del Mundo, apocopado es San Salvador. No hay fiestas en el calendario católico para San Salvador, es más creo, que no hay un santo que se llame Salvador, pero es un adjetivo usado para Jesús, como Salvador del Mundo.

Tengo la hipótesis de que a partir de la llegada de los monjes dominicos a esta villa en 1550, en la ubicación exacta donde hoy se encuentra la Iglesia Catedral de San Salvador, y cuando estos comenzaron en 1551 a celebrar a Santo Domingo, cuyas fiestas son el 4 de agosto, tal como se celebran en Managua, se comenzó a celebrar la fiesta también acá, y en algún momento de la historia, se conjugó la fiesta del Santo Domingo, con la fiesta de la ciudad, San Salvador, cuya celebración es el día 5 de agosto.

Ya me ha explicado el gordo Carlos (músico, antropólogo, amigo) verbalmente sobre esta festividad del 5 de agosto en honor al triunfo español en una batalla, aunque no estoy tan convencido. A pesar de que le reconozco al gordo sus cualidades de conocedor de varios temas históricos. Valdrá la pena una pequeña investigación histórico documental sobre este tema religioso cultural de la ciudad. Así me des-convenzo o me convenzo.

Como estamos en época de festividad capitalina, entonces, decide la municipalidad de la ciudad, empezar a compartir aspectos culturales de las fiestas y se empeñan en poner un “palo encebado” en el parque de mi colonia, La Cima, arriba del Estadio Cuscatlán.

Me di cuenta por que estaba yendo yo hacia el supermercado el jueves, con la Rhina, cuando vi que habían unas quince personas empleadas de la muni, bajando el bendito palo de un camión hacia el parque de la colonia, un eucalipto chipe de unos veinte metros, ni entre todos lo podían bajar. Inmediatamente pensé que era para algo así.

Cuando venía de regreso, le pregunté a Juan el motorista del camión, a quien conozco por ser del distrito cuatro, al que pertenece mi comunidad, y como además he sido presidente de la Junta Directiva de la Colonia, y Concejal de la Ciudad, pues, le conozco. “Juan… y eso… ¿para que es?, ¿van a poner un palo encebado?”.

- Sí, para las fiestas,

- Ahh que bueno, me gusta. Nos veremos.

Ahí cerró la conversación.

Luego el día viernes miré en el periódico que a las nueve de la mañana del domingo cinco de agosto, se celebraría, para la ciudad, el palo encebado en el parque de La Cima. Me sorprendió la magnitud que del evento se estaba haciendo, y la poca o nula publicidad que se tenía en la colonia. Nadie sabía nada.

Fui a jugar por la tarde al parque e hicimos con los amigos, las bromas acerca del bendito palo. Que si te subis hasta arriba, te vas a sentar allá, que tengas cuidado que esta encebado, que te mirarías bien bonito abrazando el palo, y ahí en ese estilo y no otro, todas las bromas. En mis adentros pensé que estaba medio alto, calculé unos quince metros. Poco, pero suficiente para matarse de una caída.

El domingo por la mañana estaban varios empleados de las oficinas de la sucursal de la alcaldía en nuestra zona, el Distrito Cuatro. Anunciaban el palo encebado y deben haber llegado otras diez personas para participar en el palo encebado. Se subbieron siete personas que no llegaron ni a la decimoquinta parte del palo, es decir no pasaron de subir un metro sobre el suelo, con ayuda, nadie subió, ni nadie bajó el premio, ni nadie nada. Lllegar hasta la mitad suponía un premio de treinta dólares según me contaron, hasta arriba debió ser más.

Por la tarde fui a jugar (estamos de vacaciones) y vi hacia arriba, habían puesto manteca en la mitad del palo, arriba había una bolsa colorida con una changa de regalo. Nadie subió, el premió estaba aun arriba. Creo que la bolsa debe haber tenido alguna nota como “vale cien dólares” o algo así, pero no el premio en efectivo.

Ví el largo del palo de nuevo y me dije que, efectivamente, subir ahí es para matarse si al llegar hasta el tope, la persona se suelta de una mano tratando de bajar la bolsita multicolor (después de subir quince metros en un palo encebado) se desliza esos quince metros y llega hasta el suelo de sopapo, lo menos, menos, es una fractura en fémur, tibia o peroné o todos juntos. Cuando menos, sino más. De matarse.

Algunas recomendaciones para los próximos palos encebados:

  1. Publicidad, publicidad, publicidad. Si es una acción de la ciudad, debe hacerse publicidad para que se sepa. Aunque la gente no vaya de todas partes, la mayor publicidad debió hacerse en la zona.
  2. Los palos encebados deben ser de cinco, seis o siete metros. Si se hacen de más metros, debe tenerse claro que el éxito es algo lejano.
  3. Los premios deben ser varios, así las categorías podrían ser varias también.
  4. La dificultad del palo encebado debe ser mediana, no extremadamente difícil ni tan fácil. Solo de acuerdo a la categoría. Niños, jóvenes y adultos pueden ser las categorías.

Buena idea e intención de rescate y conservación cultural. Pero no basta, hay que comprar sentido común y usarlo, así habrá ideas con pies, con efectos concretos y buenos. Así tendrán una buena práctica.