Spot es un perrito, un boxer albino, medio dundereco, ya tiene tres años y aun no ha pecado. Sigue virgen como cuando nació.
La fecha de su nacimiento es medio jodida, ya que nació el día de la madre en El Salvador, eso es el 10 de mayo. Así que este año, mi hija, la seca, se levantó muy temprano para celebrar este día.
Su madre, de la seca, estaba bien encachimbada porque el primer abrazo del día de la madre fue para Spot, el chucho chele de la casa.

A Spot me lo regaló el Roberto Hernandez, después que en casa se habían robado a Scrappy, un perro cruzado, corriente con corriente, que dió como resultado un perro eléctrico.
"Mira cabron, te guá regalar un chucho pa tus hijas" me dijo el Chobe. Cabal como a las tres semanas a apareció con una su rata blanca, toda chata, tamaña cola, piojosa, cagona.

Así lo llevamos a la casa, y empiezan las niñas a bañarlo, a quitarle las pulgas y a dejarlo bien bopnito.
El paso número dos fué llevarlo al veterinario, para que lo desparasitara y le pusieran las vacunas.
El paso tres fué quitarle la cola. Una mierda, como es blanco de piel muy delicada, la costura se le rompio un par de veces, así que la cicatrización que debió durar solo ocho días se tiró cinco semanas. Adios deseo de volarle las orejas. No.

Ahí ha ido creciendo, jode que jode, mas en la noche que en el día. Sigue siendo el amor de la seca y desde luego, el mío.
Ah Spot... un día te va a querer la nana de la seca.