Martínez: La otra cara del dictador, una primicia.
el 22 dic En: politica investigacion cultura historia - 1 comentario
Hace varios meses y como resultado de mi pasión por el General Hernández Martínez recibí comentarios en defensa del extinto ex Presidente, eximio y experto en dar ordenes.
Todos estos comentarios venían de un firmante como Miguel Angel Castañeda, quien me retó un día para ver si me animaba a seguir en mi, dialtiro, jodedera con el General. Hasta que finalmente acepté el reto de reunirnos y conversar sobre lo bueno y lo malo del negro.
Debo comentar que los escritos de Canessa, Anderson, Lauria, Dalton, Ching, Payés, De la Rosa, Sheila y Lara Martínez, junto con mi vista a la biblioteca de Manlio para ver los diarios de la época del general, y los documentales de Consalvi y Flores Ascencio, solo han servido para incrementar mi deseo de escribir más y mal sobre él.
Un día, mi amigo Chester Urbina, se recreó escribiendo un texto de unas cuarenta páginas sobre las bondades de la gestión administrativa del teosofo, quizá rosacruz y quien sabe si hasta brujo, Martínez. Entendí que las monedas tienen dos caras, que nada es verdad o mentira y que siempre, todo es asunto de perspectivas, y la mía es anti Martínez, por vocación. Además por conocimiento de la historia, por más que la escriban las mujeres y los hombres.
Don Miguel Angel me prometió enviarme su libro La Otra Cara del Dictador, cosa que cumplió fielmente, y hoy día, después de viajar durante 16 días, el tal documento llegó con su gemelo, a mis manos. De inmediato me puse a leerlo, y me encontré con cosas harto interesantes:
- Una dedicatoria "al amigo invisible", gracias Don Miguel, sépalo que estoy de verdad, agradecido. En especial lo de amigo me llenó de agradecimiento. Lo de invisible, menos, pero igual, lleno de agradecimiento por tomarse su molestia del envío desde La Florida.
- Los 24 tíos de Don Miguel. En esta época, hace rato le hubieran amarrado la tripita para dejar de andar en esos lances, o le habrían regalado tele al abuelito.
- La falta de familia del General. Ni padre, ni madre conocidas. Solo las "solteronas" Martínez que "lo encontraron en el quicio de la casa, envuelto en trapos viejos". Vaya!! si eso es verdad, que golpe a la historia. Bueno, ya indagaremos sobre ese dato.
- Que muchos de los maestros del brujo fueron unos chamanes pipiles.Estos le enseñaron a curar con las manos y con algo parecido a la cromohidroterapia. Palabra inventada, pero clara alusión a las aguas azules. Se dice, además, que el negro se podía convertir en su nahual. Interesante.
- Que los fantasmas ancestrales pipiles le ordenaron guardar a nuestros pueblos originarios y mantenerles puros. Esto es extremadamente raro, ya que fué el mismisimo general quien envió al abuelo del "Astro de Caldero Grande", el general Chaquetilla, a aniquilar a los indigenas, no solo de Izalco como hace ver el libro, sino también de Tacuba, Ataco, Apaneca, Nahulingo, Juayúa, Izalco, Nahuizalco y Salcoatitán.
- Que al indio Martínez los ladinos no lo querían tanto como sí lo querían los indigenas, para quienes era algo así como su Vachala Tata. Me gusta el título. Buen toque para poner a pensar que pasaba entre Martínez y los indigenas.
- Que Martínez no era un personaje alterable, esto ya lo había sospechado, me lo imagino un tipo calmo, seguro, sin encolerizarse ni atemorizarse, solo haciendo. Sangre fría.
- Que a Don Miguel Angel, Martínez le daba la imagen de un "tipo", en la idea de las peliculas de vaqueros, mucha admiración por Hernández Martínez y quizá una relación muy fraterna con él. esto último, lejos de subjetivizar el documento, acerca más a las figuras de Don Miguel y de Martínez. Mas interiormente.
- Que algunos medios de comunicación, estaban al servicio -pagado o no- del general, que había programas de radio que servían para mejorar la percepción sobre el general. Siempre he pensado que Hernández Martínez debe haber tenido un grupo muy especial de asesores, de gente que no era del país, pero expertos en comunicación, en creación de imagen. Ya me contará mas Don Miguel.
Hasta aquí, una primera parte de mis comentarios sobre La Otra Cara del Dictador, una primicia de un documento invaluable por la cercanía del escritor con el dictador. Por las interioridades y emotividades con las cuales se describe la manera de actuar del negro. Por la serie de correspondencia intercambiada que entre el teosofo y el escritor se produce.
Martínez ha tenido, hasta hoy, una doble vida, la luz y la sombra, Dios y el Diablo. El amor y el odio.
Recuerdo como mi papito (QDDG) me comentaba de la vez que durante el levantamiento que se hizo contra Martínez, cerca del portal de hierro Levy, mientras él mismo iba en una manifestación, a la persona que iba delante de él, le volaron los sesos y el tipo cayó inerte, como se desploma un arbol, sin vida, y sin la tapa de la papaya, mi padre tuvo que correr casi encima del muerto para huir.
Por otro lado, él daba siempre el reconocimiento de que la delincuencia era mucho menor con Martínez y que la deuda pública fue nula. Pienso que Martínez fué experto en imagen.
Me ha encantado mucho esta primera parte. Don Miguel, creo que será interesante dar a conocer en El Salvador "La otra cara del dictador", no por ser la única verdad, sino por ser eso, la otra cara.

centroamericana, la cual la poeta visita en septiembre/octubre de 1931.

inmodestia basada en la verdad (en casa de mi madre, ella era la unica mujer; en mi casa yo soy el único hombre), de tal manera que ella nos enseño a los tres hermanos Neto, Oscarín y su servilleta, que había que planchar, lavar, tender, trapear, barrer, cocinar, arreglar las camas, servirse la comida, lavar los trastos, en fin... nos enseñó que teníamos que ser independientes en todo.

